SEMINARIO DE LA ESCUELA 2006-07: EL GOCE SANTO

Con una periodicidad trimestral, la ELP-Catalunya pide a un miembro de la ELP que desarrolle en profundidad un concepto o un tema. Los miembros son invitados de este modo a comunicar al conjunto el estado actual de sus investigaciones, en la medida en que constituyen una contribución a la formación de los psicoanalistas.
La ley tragicómica de nuestro tiempo debería contener un “a pesar de la Ley” – según los términos que Lacan utilizó para calificar la línea de máxima resistencia en su vida. Acaso quepa, en efecto, aún, no colaborar, y gozar en las condiciones que dan al plus-de-gozar un sentido de discurso, esto es, de lo que deja rastro sin más. Sin más que el propio plus-de-gozar. (De lo “propio” pasamos a lo legible de la causa por la vía de la asociación freudiana: “propilo”, “propileno”, “propiónico”...).
Seguiremos en el escrito de Lacan “Kant con Sade” la manera cómo encuentra, más allá del humor negro de Sade y del rigor de Kant, más allá del “aburrimiento” sadiano y de la austeridad kantiana, la vía de una gaya ciencia que haga inútil la aplicación de una ética.
Antoni Vicens

CALENDARIO

Miércoles a las 21 h

4 de octubre: La Ley
11 de octubre: El lugar del discurso
8 de noviembre: Lo que Kant pensó
15 de noviembre: Lo que escribió Sade
13 de diciembre: El placer
20 de diciembre: La transgresión
Título
6. La transgresión
Fecha
20/12/2006
Horario
21 h.
Participantes
Antoni Vivens
Descripción
La transgresión apunta a un Bien que está en el Mal. La ley moral nos deja el reto de pensar una Ley que no necesite la transgresión. Ésta sería una Ley que nos haría avanzar hacia el vacío. Hay una definición de Dios como aquel que goza sin transgresión, avanzando decididamente hacia la inexistencia.
En su seminario El reverso del psicoanálisis Lacan enseña que lo que nos detiene en el camino de das Ding no es un interdicto, sino el saber: S2. En tanto que el saber es goce condensado, no se transgrede nada, uno se escabulle entre los obstáculos; incluso cuando uno mismo se los crea.
Si lo que organiza el goce no es la transgresión, sí lo hace la repetición, la repetición de una pérdida en tanto que matriz de un saber. Con eso podemos leer la frase de Lacan del 15 de enero de 1980, referida a su desaparición: “una vida pasada queriendo ser Otro a pesar de la Ley”. No vemos ahora aquí el exceso de una voluntad anárquica que se opone a la ley, sino el acto de acoger como Otro, como discurso consecuente, para hacerlo transmisible, aquello que no cesa de existir como informulable.
En general, se trata de hablar, aunque sea en nombre propio, mientras aún hay tiempo para responder de ello.

Antoni Vicens
Título
5. El placer
Fecha
13/12/2006
Horario
A determinar
Descripción
En su Seminario La ética del psicoanálisis, Lacan sitúa al placer como una barrera para el goce. De ahí el fracaso del proyecto libertino, que consistía en hacer ley del placer. Eso dejaba fuera la Ley. Das Ding reclamaba sus derechos para el sujeto, y los límites del placer devenían reclamo para una nueva transgresión.
Para Sade, la penetración, la perforación, el desollamiento del cuerpo semejante permitía recuperar, sin salir de la máxima del placer total, el más allá del placer. Choderlos de Laclos completa a Sade mostrando que el amor está más allá del principio de placer. Sin la destrucción del otro y sin la metáfora del amor, el placer seguiría su curso sin freno hasta la muerte. Pero, más acá de todo eso, el objeto a es la parte de goce que el sujeto puede homologar, pasando por el fantasma, al placer. Esta parcialización es el precio que paga el placer a la pulsión de muerte. .
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Antoni Vicens
Título
4. Lo que escribió Sade
Fecha
15/11/2006
Horario
21 h.
Participantes
Antoni Vicens
Descripción
Con su escritura, Sade sigue queriendo someter el goce a una ley eterna, y consiguiendo tan sólo extraer una parte de él con destino al deseo. Tal como lo enseña Lacan, si bien Sade se esfuerza en escribir lo real del goce, sólo consigue logificar algunas de sus imposibilidades.
La escritura de Sade es un límite en el orden del fantasma (y no del síntoma, como la de Joyce). Siempre bien apoyado en su fantasma, Sade se garantiza que no está loco. Desde ahí, el rigor de la frase del fantasma aceptada en su pensamiento, “pasa a la lógica de su vida”.
Del paso de esta lógica a su escritura, se sucede un cúmulo de males cómicos: nadie sabe dónde colocarla, a la vez que resulta descolocante al máximo. Esto es: descoloca (dérange, tal como utilizó este término Jacques-Alain Miller en referencia a la clínica) nuestras defensas, nos obliga a “ponernos en regla con nuestros deseos”.
Lacan nos enseña a escribir el fantasma de Sade, donde el objeto a está en el lugar de la causa, y donde una voluntad de goce preside la escena en que el sujeto y el objeto vendrán a ser uno. El resultado sería la asunción del sujeto desde su división originaria a una supervivencia interminable como “sujeto bruto del placer”. Un cuarto de vuelta en su construcción le permitiría transformarla en la ley de la república del derecho al goce, en la que cada ciudadano sería igualmente héroe de un desvanecimiento eterno.
Pero todo ello, como nos lo demuestra la obra pedagógica de La philosophie dans le boudoir, topa con la impotencia propia de toda acción pedagógica. El pudor se interpone siempre ante el interlocutor del “mátame”; de modo que sólo nos queda de él una voz.

Antoni Vicens
Título
3. Lo que Kant pensó
Fecha
08/11/2006
Horario
21 h..
Participantes
Antoni Vicens
Descripción
El pensamiento, como pensamiento de Kant, está gravado por la razón. Ésta permite anticipar lo que las estrellas escriben en el cielo y encontrar la paz en la voz que dicta la ley santa. Quien piensa, piensa Kant, puede hallarse en casa en el mundo infinito y en la inmortalidad de la ley.
La perversión de Kant, que la hay, parte de la voz con que se deleita. Él la ha domesticado, dice. Haciendo camino hacia das Ding, encontramos.
Añadamos que Kant escucha la voz que, desde Sócrates, resuena en la filosofía. Lacan nos enseñó su nombre: el del amo Alcibíades para Sócrates, y de los que siguieron para la Historia de la Filosofía, como historia de un amor.
Sería una voz clara y divina, y andaríamos abrazados, Millionen, hacia la paz eterna. Sin angustia. Sin Otro sexo también.
Pero en una gradación, Kant nos acompleja por nuestra incapacidad de sufrir. El respeto por la ley es antipatológico, y está muy bien. Nos humilla, la ley. Nos impone un deber. Esa ley encierra en su concepto una compulsión. Nos determina a acciones a disgusto. Exige nuestra sumisión, hasta el dolor. Es la miseria del goce, para salvar al prójimo, antes de que me angustie.
Kant no quiso saber que, como enseña Lacan, “la voz incluso loca impone la idea de sujeto”. Por eso en su mundo no hay muerte que esté a la altura del amor.

Antoni Vicens
Título
2. El lugar del discurso
Fecha
11/10/2006
Horario
A determinar
Descripción
Constatamos que la Ley señala un lugar. Si Freud localizaba ese lugar en los términos de una falta, el trabajo de transmisión que prolonga su obra lleva a situarlo a partir del vacío, y en términos de lógica, en la medida en que ésta puede referir lo imposible. Ese lugar será el del discurso: aquello que causa su desplazamiento. Los místicos se han podido referir a ese lugar como lo inefable conocido: la “morada interior”, o la “interior bodega del amado”.
El lugar vacío de la Ley llama a ser ocupado; pero es a la vez un lugar regido por la exclusión lógica. Es un lugar fuera del Otro. Es la causa del significante, pero no en el sentido de otro significante, sino como aquello que nunca lo será. Es un lugar en el que no se puede entrar; y, si se entra, no se puede salir.
La letra, en su lógica (“no hay otra salida que su entrada”, véase “La instancia de la letra” de Lacan) se sitúa a medio camino entre el lugar del discurso y el Otro. Hace del discurso discurso del Otro.
En la ausencia de concepto que es la suya, hacemos valer una lista de las versiones de ese lugar que tenemos a mano.
El espacio entre-dos-muertes se presenta como el medio para resolver la cuestión trágica, aquella que se axiomatiza con el “no haber nacido”. A una primera muerte real le seguiría un aniquilamiento (Vernichtung) simbólico imaginado como el de la letra por el fuego. El Apocalipsis anuncia una elección entre una segunda muerte eternizada en el infierno, en la oscuridad y el tormento sin Dios, o la evitación eterna en Su contemplación. Sade aprendió esta lección.
Fuera del oscurantismo, la segunda muerte es anterior, y da el espacio del síntoma.
De ese espacio imposible describimos otras ocurrencias: el boudoir sadiano, la escuela filosófica clásica, la Sociedad de los Amigos del Crimen (Sade, Histoire de Juliette), y otros interiores de exclusión.

Antoni Vicens
Título
1. La ley
Fecha
04/10/2006
Horario
A determinar
Descripción
Existe, o más bien hacemos existir un Universo de la ley. El capital, el parentesco, la culpa, dan el objeto siempre renovado que crea la esperanza de un universo. Pero la Ley de esas leyes no se ha escrito todavía; y es de esa Ley que el psicoanálisis se hace objeto.

Las leyes dictan la reciprocidad, y hacen imaginable la justicia distributiva. El objeto del psicoanálisis no se reparte como un bien, está sometido a una regla de abstinencia. Porque la lección del psicoanálisis, expresada por Jacques Lacan para nuestro discurso, es que no hay bien que no conlleve un mal. Si a ese mal le excluimos el resarcimiento –algo muy difícil de pensar–, nos acercaremos al objeto de la Ley.

La Ley no nos pone frente a ningún partenaire que pueda reconocernos. La división subjetiva que produce la Ley es trauma puro, para el que no tenemos otro alojamiento que el síntoma. Y al síntoma sí podemos hacerlo nuestro partenaire, como nos enseñó Jacques-Alain Miller.

Kant y Sade, cada uno por su parte, intentó aptrapar la Ley en una ley explícita. El imperativo categórico parece la Ley de leyes; pero bajo su rigor se esconde una voz. El imperativo sadiano quiere hacer de la transgresión una Ley; con lo que se queda en el impudor. Ninguno de los dos es capaz de incluir la enunciación en su enunciado; lo que quiere decir que hay que volver a empezar.

Hemos de volver a plantear cómo una Ley, por no poder ser formulada, es más imposible de transgredir, y no por ello menos efectiva.

Antoni Vicens

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