SEMINARIO2006-07: LOS OBJETOS (a) EN LA EXPERIENCIA ANALÍTICA

Éste es el tema propuesto para el próximo Congreso de la AMP, que tendrá lugar en Buenos Aires, en abril de 2008. Para preparar este acontecimiento, la Sede de Barcelona de la ELP propone este Seminario sobre las cinco formas del objeto a, tal como Jacques Lacan propuso su noción para el psicoanálisis.
Cuando en su Seminario X, La angustia, aisla las formas de ese objeto, Lacan demuestra que la "roca de la castración" no es insuperable: que hay en la cura analítica un más allá del falo y que este "más allá" supone otro recorrido de la pulsión. Por otro lado, la reciente publicación del Seminario XVI, D'un Autre à l'autre, nos ayuda a situar el estatuto de cada uno de los objetos a en la experiencia psicoanalítica a partir de su consistencia lógica y a mostrar cómo ese mismo objeto puede ser la horma del Otro. Gracias a esta invención del objeto a, Lacan nos da las claves de lo que se muestra como real en la experiencia psicoanalítica. No es lo real tal como la ciencia lo supone, no funciona según leyes; es lo real definido como "aquello que no anda". En efecto, al mundo que funciona según las leyes de la ciencia pueden venir a agregársele objetos, como el de la angustia, o el objeto alucinatorio, o el objeto fóbico, etc. Esos son los objetos que hacen que el mundo deje de funcionar. El mundo aparece entonces, más que como la integración de una experiencia, como una ruptura, como algo propiamente in-mundo, o quizá a-mundo, y que no funciona.
El objeto a puede tomar formas naturales, y también creadas artificialmente, e incluso puede soportar sobre sí la relación que el sujeto mantiene con lo que, en su Seminario VII, La ética del psicoanálisis, Lacan denominó das Ding, aquello que, siendo el núcleo de todo vínculo social, nunca entrará en mediación alguna.
Comisión: Lucía D’Angelo, Marcelo Curros, Montserrat Puig, Carolina Tarrida, Vicente Palomera (responsable)

CALENDARIO

03 de octubre de 2006
17 de octubre
07 de noviembre
21 de noviembre
19 de diciembre
16 de enero de 2007
30 de enero
13 de febrero
27 de febrero
13 de marzo
27 de marzo
10 de abril
15 de mayo
29 de mayo
12 de junio
26 de junio

A las 21h
Título
De Antígona al Seminario X: del goce absoluto al objeto a
Fecha
29/05/2007
Horario
21:00 h.
Participantes
Carolina Tarrida
Descripción
El texto se encuentra en un documento adjunto al final de esta página.
Título
La demanda del Otro y los objetos (a)
Fecha
15/05/2007
Horario
21:00 h.
Participantes
Xavier Esqué
Descripción
El texto que presentó Xavier Esqué en la Escuela el pasado día 15 de mayo forma parte de su contribución al volumen de Scilicet que se trabajará en el próximo congreso de la AMP en Buenos aires.
El término de demanda tiene un sentido específico en Lacan, hace de él un primer uso para diferenciar lo que es del orden de la necesidad y del orden del deseo. En Freud, en lugar del concepto de demanda encontramos el de desamparo y dependencia, estos dos términos explican el marco en el que se sitúa el niño respecto al Otro primordial. A partir de la introducción por Lacan del concepto de demanda, y hasta hoy, vemos que no hay práctica terapéutica que no hable de la demanda.
La demanda no se produce como consecuencia de la dependencia, sino de la tesis de que el inconsciente esta estructurado como un lenguaje. El hombre está sujeto al orden simbólico y lo determinante es que por el hecho de hablar está obligado a pasar por los significantes del Otro. Es la vertiente de la alienación y toda demanda conlleva la alienación de la necesidad al orden simbólico. Todo sujeto experimenta su sujeción al Otro, y éste puede responder o no a la demanda, transformándola en signo de amor, así toda demanda deviene demanda de amor.
Hay un más allá de la demanda que es la demanda de amor, y hay un más acá de la demanda que es el deseo. El deseo es la marca de lo que se pierde, aquello que de la necesidad queda sin satisfacer, siempre aparece como deseo de otra cosa. J.-A. Miller cuando comenta el Seminario de La Angustia plantea otra perspectiva diferente, afirma que la demanda de amor es el amor mismo, es decir, sin ningún objeto, el mayor don de amor es la falta.
A partir del Seminario X, Lacan plantea el objeto a en su vertiente de resto, producto de la incidencia del lenguaje, corte sobre el cuerpo que anuda goce y castración. Es un resto que se puede ubicar, localizar, tomando el cuerpo como constituido por “piezas sueltas”. J.-A. Miller habla de hechos anatómicos y objetos a. Los objetos siempre están conectados con la demanda y el deseo del Otro, por el objeto oral el niño se encuentra adherido al Otro, el objeto le pertenece, mientras que el objeto anal pasa por la demanda y se convierte en el primer soporte de la subjetivación, pone en juego el don de amor, lo que puede dar o lo que puede retener, el don se sitúa así en el registro anal. Es en el neurótico obsesivo donde vemos de forma más clara cómo intenta situar la demanda en el registro del don, haciendo de la demanda del Otro su objeto, objeto que hace de tapón impidiéndole acercarse al deseo.

Pilar Foz
Título
Las esquzia del ojo y la mirada. Seminario XI Cap.VI
Fecha
10/04/2007
Horario
21:00 h.
Participantes
Marcelo Curros
Título
El objeto (a) en el campo escópico. Seminario X
Fecha
27/03/2007
Horario
21:00 h.
Participantes
Montserrat Puig
Descripción
Escogiendo el eje sobre el cuerpo, que Hebe Tizio presentó en este mismo espacio, Montse Puig empieza planteando el modelo de cuerpo que había en el psicoanálisis de entrada, de trata del cuerpo simbolizado de la pulsión freudiana, y del cuerpo especular fragmentado que permite el “yo soy ese” por parte de Lacan.
En el seminario X, Lacan plantea la castración como una operación de estructura del significante sobre el cuerpo, se trata de un corte, una separación en el cuerpo que deja un resto. Lo aplica con la forma de una “auto mutilación”, es lo que el sujeto debe ceder para poder separarse a la vez del a y del Otro. Esto es lo que permite que la función de la falta opere, de manera que se producen dos faltas superpuestas: la del sujeto en la “auto mutilación” y la del Otro. Es el ejemplo del pecho, donde no es la separación del pecho de la madre, sino que el niño se separa también del pecho que formaba parte de su propio cuerpo.
¿Cómo opera el corte/ separación en el campo escópico? ¿Cuál es el corte en el sujeto y en el otro? ¿Cuál es la falta? ¿Cuál es el resto que se constituye como objeto?
Lacan empieza proponiendo en el seminario que el campo escópico es el de máximo desconocimiento del objeto, ya que “mi imagen es mi presencia en el Otro sin resto, no puedo ver lo que pierdo”, por ello se dirige en primer lugar al órgano y su función como tal, al ojo mismo. Así “el ojo organiza el mundo como espacio y refleja la imagen hasta el infinito”, esto hace que la función de la falta, y por tanto el deseo, se desconozca, es lo que hace que en el budismo, el objeto de deseo sea el sujeto mismo. En el seminario Lacan propone que por eso hay que reducir al máximo la mirada del Buda para que aparezca una mirada diferente a la del reflejo especular infinito. Recurre a la anatomía para poder aislar el corte en el campo escópico, y explica cómo por efecto del cruzamiento de los nervios del quiasma en el ojo y su reflejo cerebral, se produce un punto ciego en la mirada. Tenemos el ejemplo del “tercer ojo”, que permitiría anular este punto ciego, y ver lo que hay en el espacio que los dos ojos no pueden ver. No obstante, el corte está definido por su función aunque el soporte sea la anatomía, se trata de un corte en la visión, es un corte topológico.
En un segundo momento, en este seminario X, Lacan plantea un segundo corte en el campo escópico, en relación con este primero, es la mirada de la mancha. Junto con la mancha plantea también la mirada de los ojos del ciego que nos miran, o bien de la lata de sardinas flotando en el mar que mira a Lacan “el joven intelectual” subido en la barca de pescadores, también el ojo del pez muerto o de la calavera del cuadro de “los embajadores”. Define un marco del fantasma donde el sujeto es atraído por la mancha porque ésta le mira y le presenta el objeto que él es como sujeto en el marco / cuadro del fantasma. La mancha borra la buena forma del reflejo infinito que hacía desconocer la falta y el deseo, que enmascara la angustia porque reduce el objeto (a) a cero.
Un punto ciego en la visión del ojo como corte topológico, y una mirada (mancha) que mire al sujeto, son los dos cortes / separaciones como modo de introducir algo que rompa la aparente completud de la totalidad de la mirada especular de reflejos infinitos, que hacían desconocer la falta y el deseo, así hace emerger la angustia y el objeto. En este momento de la enseñanza de Lacan, la angustia adquiere una forma siniestra que será reelaborada en momentos posteriores. Por ello que para completar su constitución del objeto (a) como mirada hay que recurrir al seminario siguiente, el XI, y es lo que Montse Puig y la comisión de este espacio propone para trabajar en la próxima reunión.

Ricard Arranz.
Título
La mascarada femenina desde el Seminario X
Fecha
13/03/2007
Horario
21:00 h.
Participantes
Neus Carbonell
Descripción
Neus Carbonell presentó en el marco del Espacio Central un interesante trabajo basado en el uso que hace Lacan de la obra de Joan Rivière, “La mascarada femenina”. Dicho artículo, de 1929, unos años antes de la publicación de los textos freudianos “La sexualidad femenina” (1931) y “La feminidad” (1932), es usado por Lacan como referencia en varios textos. Lo encontramos ya en “La significación del falo” de 1958, en dos clases del Seminario X, la de 20 marzo de 1963 titulado “La mujer, más verdadera y más real”, y la de 29 mayo del mismo año bajo el título “El falo evanescente”, y finalmente en el Seminario XIII sobre “El objeto del Psicoanálisis”, en este caso en referencia a la relación de la mujer con el objeto a.
Tras esta introducción que ubica el marco de su trabajo en la obra de Lacan, Neus Carbonell entró en el análisis de dichas referencias en el seminario que nos ocupa, el Seminario X, apuntando en primer lugar que, para Rivière, la mascarada es ante todo una defensa frente a la angustia. Para Lacan, la relación con la angustia es distinta en la mujer que en el hombre, como encontramos en la página 359 del seminario en qué, de acuerdo con Kierkegaard, Lacan señala que la mujer está más angustiada que el hombre: “¿Cómo sería esto posible si, en el nivel central, fálico, la angustia no estuviera hecha precisamente de la relación con el deseo del Otro?”. A la luz de la enseñanza de Lacan, Carbonell sugiere que la angustia en la mujer tendría que ver con “un impasse al que se enfrenta la mujer que no encuentra en el significante fálico la posibilidad de verse representada como tal. La máscara de la feminidad sería una manera de resolver este impasse”. Estas apreciaciones, que ya deducimos en el Seminario X, tendrán todo su desarrollo a lo largo de la enseñanza de Lacan, hasta llegar a las fórmulas de la sexuación.
Tras la presentación de algunos ejemplos clínicos extraídos de la obra de Rivière, especialmente de análisis de mujeres que habían tenido éxito profesional e intelectual y que se presentan con un semblante claramente femenino - a diferencia de algunas predecesoras que hacían gala de una presentación más viril. Una de las conclusiones de Rivière consiste en que la mascarada no es algo que esconda una feminidad verdadera o falsa, sino que es en sí misma una defensa contra la angustia, y no un modo de goce.
Para Lacan, la mascarada permite a la mujer mantener una relación con el falo, significante del deseo del Otro, y defenderse de la angustia ante lo que quedaría por fuera de él. Ya en su texto “La significación del falo”, Lacan nos dice “(...) decimos que es para ser el falo, es decir, el significante del deseo del Otro, para lo que la mujer va a rechazar una parte esencial de la femeneidad, concretamente todos sus atributos en la mascarada”. Cinco años más tarde, en el Seminario X, Lacan apunta a la posibilidad de un más allá. Para dar cuenta de ello, Neus Carbonell nos da la referencia del capítulo “El falo evanescente”, en el que Lacan se pregunta sobre cómo la mujer puede superar su penisneid si lo suponemos siempre implícito. Una contundente interpretación de la referencia a Rivière apunta a la respuesta de Lacan mismo “Simplemente allí, la mujer debe tener en poco su goce”. Esta vía, deja a la mujer tomando a su cargo el fracaso del Otro, o dicho de otro modo, que tomaría a su cargo la incapacidad del significante de dar cuenta de la dialéctica del deseo del sujeto con el Otro. Hace falta la angustia para indicar la salida de ese “callejón sin salida del deseo” para indicar lo irreductible tras la mascarada fálica. El objeto a permite apuntar a un más allá del falo.
Será en el Seminario XIII donde Lacan afirmará que la lógica de la mascarada deja a la mujer en el lugar del objeto a. La mujer ocuparía aquello que no queda subsumido por la lógica fálica pero que sólo puede obtenerse como resultado de la misma, de ahí que se pueda pensar que la mujer es más real. La mascara entonces aparece también como un semblante que permite atrapar algo de ese real.
Finalmente ya en el Seminario XX, Lacan trata la cuestión refiriéndose a dos goces y no ya partiendo de la bi-sexualidad. Carbonell apunta a esa última enseñanza de Lacan, que nos permitiría leer el texto de la mascarada siguiendo una lógica en dos tiempos. En un primer momento ella espera ser reconocida dentro de la lógica fálica y en un segundo momento se pone de manifiesto que es no-toda en esa lógica, y apunta a un más allá. “La función de la angustia estaría del lado de apuntar a ese más allá, que no se agotaría con la reivindicación del tener” concluye Carbonell.

Carolina Tarrida.
Título
Los objetos (a) en la neurosis obsesiva.
Fecha
27/02/2007
Horario
21:00 h.
Participantes
Vicente Palomera
Descripción
Vicente Palomera empezó abordando este tema por el capítulo “El falo evanescente” del Seminario X, centrándose en el aserto: el falo tiene función de objeto (a). El falo es definido como falta, tanto para el hombre como para la mujer. Se espera que el falo funcione (p. 290) y en el momento en que se espera, allí se desvanece. Es decir, en la tensión entre - y la falta del objeto hay algo que cae.
En 1963 Lacan critica las concepciones de la época sobre la neurosis obsesiva porque se concibe la relación sexual como un don. En cambio, para él se trata de la articulación de dos objetos: en tanto el primer objeto para el hombre es el falo y su relación con él, lo que lo caracteriza es la angustia de castración, y de otro lado el objeto anal. Así, si Freud señala la función del don ante la escena primaria del Hombre de los lobos; Lacan, en la página 282 del citado seminario, acentúa la oblatividad: el niño da un regalo, cede una parte de su cuerpo para dar un valor a la situación ante la que se encuentra.
La tesis de Lacan es que el hombre es impotente, en tanto su deseo está ligado a la evanescencia del falo. Lo que constituye el objeto es el orgasmo, esa “pequeña muerte”, que implica que la demanda de hacer el amor es una demanda de morir (p. 284). El orgasmo es lo producido entre la separación de la demanda del Otro y la demanda al Otro.El fantasma del hombre, que lo angustia, es que interpreta que el Otro quiere algo. Por ello, la detumescencia es siempre prematura porque el hombre huye delante de la amenaza de ser desposeído del órgano. Así es que cuando entra la mujer, el falo ya no está.
Para Freud la sexualidad toma la forma del tener. Para Lacan se trata también del ser porque el hombre se presenta en la relación como no teniendo. El Penisneid, para Freud, está ligado a la madre, por eso se dirige al padre para que le dé un bebé. Lacan interpreta que la angustia masculina surge ante la detumescencia porque la mujer quiere tener el órgano para hacer uso de él. Si para Jones la mujer quiere tener el órgano como no detumescente, a través de la mascarada, para Lacan, en el fantasma de la mujer el hombre es omnipotente. Así es como ambos se encuentran con una falta: entre la detumescencia estructural del hombre y el fantasma de la mujer. Cuando la demanda del Otro es más fuerte que la demanda al otro, el hombre se presenta como faltante, mientras que aparece la mujer para hacerse cargo del cuerpo. Para Freud el hombre está más angustiado que la mujer, para Lacan es la mujer en tanto que quiere, la que está más angustiada (p. 290 y 291). Y la angustia es la verdad de la sexualidad en tanto el falo falta.
La neurosis obsesiva gira en torno al objeto anal y al deseo de retener y sólo a partir de que el sujeto se lamente del síntoma, que él mismo sugiera que hay una causa para todo esto, estará en condiciones de analizarlo. Es muy difícil abordar el síntoma obsesivo, la compulsión de verificar, porque implica un funcionamiento, un mecanismo, como se indica en la página 302, que toma parte del síntoma y es lo que quiere salvaguardar. En la página 317 del capítulo “De lo anal al ideal”, lo anal se presenta en relación a la demanda del Otro. Ya en 1998 Jacques-Alain Miller subrayó la tesis lacaniana de que al obsesivo le interesa el deseo del Otro como alteridad radical. El neurótico obsesivo interroga al deseo más allá de la demanda mientras que la histérica lo integra más acá de la demanda. Convierte el deseo del Otro en su demanda. Cubre el agujero del deseo con la demanda del Otro. Transforma un enigma con una demanda. En el ejemplo del control de esfínteres que se encuentra en las páginas 324-326: la temporalidad es del Otro, la relación con el Otro es una negociación cuya puesta en juego es el objeto anal. El deseo de retener pasa por la demanda del Otro. El interés por algo es oral, si lo rechazo, se pone en juego la pulsión anal. La ambivalencia obsesiva: a•$, donde el objeto a es la causa de esta ambivalencia.
La “madurez genital” de la época de este Seminario es antinómica con la no relación entre deseo del hombre y el goce de la mujer porque el goce separa y el hombre entra en la relación sexual como castrado, así que el don no da cuenta de lo fálico sino de lo anal. Como el objeto con el que identificarse es el del don y no el de la potencia sexual, vela el objeto con la mirada que lo cubre: i(a). Miller lo dice en las “Cartas a la opinión ilustrada”: la tendencia del obsesivo es a no mirar y lo que da al Otro es cómo él puede ser visto. En el Seminario XI Lacan afirmará que como no existe el órgano para la relación sexual, entonces el sujeto se ve llevado a inventar el órgano con el que incluirse en el Otro.

Rosalba Zaidel.
Título
La voz pertenece al cuerpo
Fecha
13/02/2007
Horario
21h
Participantes
Antoni Vicens
Descripción
El texto se encuentra en un documento adjunto al final de esta página.
Título
El niño, objeto a liberado
Fecha
30/01/2007
Horario
21h
Participantes
Carmen Alda
Descripción
Artículo aparecido en La Lettre Mensuelle nº 251 que corresponde al extracto de la conferencia de Angers "Les nouvelles inscriptions de la souffrence de l'enfant", pronunciada por Eric Laurent el 3 de junio de 2006. Servirá de referencia a la presentación y está disponible en la Biblioteca. Traducción: Carmen Alda.

Carmen Alda presentó el pasado martes día 30 de enero una pormenorizada lectura del apartado “L´enfant, objet a liberé” del texto de Eric Laurent: “Las nuevas inscripciones del sufrimiento del niño” aparecido en La Lettre Mensuelle nº 25. Alda señaló que su interés por este texto parte, en primer lugar, del análisis que Laurent realiza de la frase: “El objeto a en tanto que liberado”, que se halla en la clase del 30 de abril de 1969, “Dedans dehors”, del Seminario XVI de Jacques Lacan, De un Otro al otro, de reciente publicación.
El texto de Eric Laurent, cuyo origen es una conferencia, tiene lugar en un momento en que los niños, las familias y el estado están siendo judicializados, como demuestra el proceso judicial de Angers (Francia) acaecido en abril de 2005. En palabras de Carmen Alda: “el tema del goce, recorre la conferencia apoyándose en la posición ocupada por los niño […] el nudo de la cuestión para el autor yace en cómo estos niños son víctimas a doble banda”.
De este modo, Alda analizó como Laurent articula su conferencia a través de la conceptualización entre los objetos tal y como fueron construidos por Sigmund Freud y las formulaciones del objeto “a” a partir tanto de la clase de Lacan anteriormente citada, como del Seminario X, especialmente en el apartado titulado “Las cinco formas del objeto “a “. Así mismo, Alda señaló que Laurent se refiere al texto de Lacan “Nota sobre el niño” y que trabaja los últimos párrafos de la clase ya referida de abril 1969 en que se pone en juego la relación de la falta en la neurosis y en la perversión.
Finalmente, se articulan los conceptos de A (Otro); de falta ( / ) del a y de goce en relación al Sujeto ( S ). A partir de la homofonía que la lengua francesa hace posible, Lacan acentúa la relación entre l’homme-elle y famil , para señalar los modos distintos que tienen la perversión y la neurosis de enfrentarse a la castración.

Adriana Fabiani.
Título
El cuerpo y los objetos
Fecha
16/01/2007
Horario
21h
Participantes
Hebe Tizio
Descripción
El texto se encuentra en un documento adjunto al final de esta página.
Título
“El objeto a como plus-de-goce”
Fecha
19/12/2006
Horario
21 h.
Participantes
Isabelle Durand
Descripción
“El objeto a como plus-de-goce”
En un tono fresco y alegre Isabelle Durand expuso, su trabajo acerca del objeto a, en una lectura comparada entre el Sem. X y el Sem. XVI (“De un Otro al otro”) de J. Lacan bajo la orientación de los textos de J. A. Miller como su “Introducción a la lectura del S. La angustia de J. Lacan”, y algunos de sus cursos, entre otros: “Illuminations profanes”, “Extimité”, “Los signos del goce”, “El Otro que no existe y sus comités de ética”. También hizo referencia a los Seminarios VII, VIII, XI y XVII, y “Radiofonía” de J. Lacan y a “El malestar en la cultura” de S. Freud.
Durand dividió su trabajo en cuatro puntos que dieron cuenta de su eje central: la consistencia lógica del objeto a.

“1-El vacío estructurante:" A lo largo de la enseñanza de Lacan, el objeto a es tomado en relación a un vacío. Se trata de un vacío estructurante en tanto comporta una doble cara, un más y un menos del objeto. En el Sem. X Lacan recurre a la topología, siempre orientada por la lógica, y presenta el objeto a a partir del cuerpo siendo los objetos las diferentes extracciones corporales.
En el Sem. XVI, Lacan presenta el objeto>em> a como consistencia lógica. Trazando un puente entre ambos momentos de su enseñanza, entre el Sem. X y el Sem. XVI la tesis es que el objeto a como consistencia lógica es una función que el cuerpo tiene que satisfacer con diversas extracciones corporales.
Lacan retoma la noción de vacío en varios de sus seminarios, en el S. XI se refiere a Freud y señala en cuanto a la pulsión freudiana que el objeto>em> a no es una sustancia sino un vacío topológico que cualquier objeto puede ocupar. Aquí nos da la estructura del plus-de-goce bajo la forma del objeto que la pulsión rodea.

“2- La extimidad del objeto a:" Lacan en su recurso a la topología toma, entre otras, la figura del ocho invertido para dar cuenta del objeto a. Esta estructura apunta al objeto a como éxtimo en tanto es a la vez el circuito mismo y lo que cae con el corte hecho a partir de su círculo. El objeto a es a la vez el agujero y a la vez el tapón. Por tanto, tiene dos caras: lo lleno y lo vacío, una cara de positividad que funciona como tapón y otra equivalente a una ausencia, a un menos, de ahí que podemos decir que el objeto a incluye la castración.
El objeto a como plus-de-goce se refiere a lo lleno. El objeto a como vacío apunta al agujero, al objeto a como causa de deseo. La consistencia del objeto a es lo que da lugar al plus de goce.
La topología de Lacan está orientada por la lógica que tiene por axioma: para que algo exista hace falta un agujero.

“3-Desustancializar el objeto: “ Hay que desnaturalizar el objeto a para entender cómo el analista en la enseñanza de Lacan se inscribe en la misma serie que el objeto a, lo que nombra como semblante. Dado que el objeto a, es una consistencia lógica, una función, el analista es un semblante de objeto porque representa el objeto a,. Y el objeto sólo puede estar en posición de semblante si se trata de una consistencia lógica.
I. Durand, siguiendo a J. A. Miller, señala que es importante distinguir cuando nos referimos al objeto a,, su cara de real, el lado del vacío topológico, de su cara de semblante en tanto es la representación material de esta función topológica. La consistencia lógica del objeto a, sólo toma valor a partir de la inconsistencia del Otro. Lacan en el Sem. XVI toma la paradoja de Russel para dar cuenta del no-todo, de lo imposible de hacer conjunto, un todo. En esta lógica y desde el análisis topológico, el objeto a, sería el agujero que conlleva la inconsistencia del Otro. Isabelle subraya que podemos situar el agujero del lado de lo real y la falta del lado de lo simbólico.

“4-El plus-de-goce:" El objeto plus de goce es una nueva definición del objeto a que Lacan aborda en el Sem. XVI. Él retoma la concepción de Freud en “El malestar en la cultura” y va más allá apoyándose en su lectura del modelo de la plusvalía de C. Marx: “El plus-de-gozar es función de la renuncia al goce por efecto del discurso. Es lo que da su lugar al objeto a”.
Isabelle Durand para finalizar su exposición se refiere la posición teórica de Lacan en el viraje a su segunda enseñanza, hacia lo real y sitúa los seminarios XVI, XVII y el texto “Radiofonía” como pilares sobre los que se asienta su concepción del goce como efecto del significante. Hasta ahora el significante produce una mortificación sobre el cuerpo; ahora Lacan introduce una nueva tesis, sin invalidar la primera: el significante produce el goce bajo la forma del objeto a plus-de-goce.
Como conclusión I. Durand enfatiza que el objeto a,, en tanto consistencia lógica, es una función simbólica y será en un segundo tiempo lógico cuando el cuerpo encontrará satisfacción con trozos de cuerpo, con las diversas extracciones corporales.

Rosa Godínez
Título
La demanda y la naturalización de los objetos
Fecha
19/12/2006
Horario
21h
Participantes
Francesc Vilà
Descripción
En la segunda parte de la sesión del día 19 de diciembre del espacio “Los objetos (a) en la experiencia analítica”, Francesc Vilà nos expuso cómo durante la lectura del Seminario X, La Angustia, así como la de otros textos que hizo en paralelo (Lost in cognition, de Laurent, Introducción a la lectura del Seminario de la Angustia, de Miller, algunas intervenciones en las XIII Jornadas Anuales de la EOL, etc.) se dio cuenta de la novedad que representaba ese seminario y de las nuevas vías que abría en la clínica de la angustia, al permitir explorar clínicas distintas a las del sujeto mortificado por el rasgo del significante. Dos son esas vías de las que la nueva angustia del Seminario X, que Vilà califica de “angustia vía” o “angustia brújula”, nos da la pista: la del acceso al “problema” del cuerpo viviente, y la del abordaje de los trastornos de los individuos que padecen y no sintomatizan de manera clásica, también conocidos como trastornos de la conducta. Es decir, el Seminario X nos permite situarnos en un terreno más allá de los límites marcados por el sujeto de la demanda del Otro, un terreno “de goce líquido”, el terreno – muy actual –, de los malestares del mundo especular de las pasiones del yo y los intercambios significativos de objetos.

Lacan, en el Seminario X, después de cernir un objeto nuevo fuera de la serie de los objetos clásicos del psicoanálisis, resto no significable de la operación entre el Otro y el sujeto, productor de una nueva realidad, la del cuerpo hablante – contrapuesto al cuerpo mortificado del significante y sus rasgos de goce – pone en serie perturbaciones de la conducta y de la economía libidinal del cuerpo hasta llegar a hablar del peligro vital que acecha al sujeto ante la inminencia de la sutura o taponamiento del cuerpo hablante por el objeto (a). Vilà contrapuso este peligro vital, que podríamos llamar “la Otra angustia”, a la angustia de castración y señaló que Lacan está apuntando, ya, a un “más allá del Edipo”, e introduciendo una clínica que no se apoya en la interpretación que descifra el inconsciente sino en el decir metonímico que produce efectos sobre el cuerpo hablante.

Pasó a continuación a relatar un caso en el cual el malestar no está urdido por un síntoma dispuesto para el saber de la interpretación, un caso que pone a prueba esta nueva vía inaugurada en el Seminario X.

Un cuerpo hablante molesto para los otros

Se trata de P, un adolescente llamado “trastornado de la conducta”, calificativo que lo acompaña desde los tres años. Vemos a una madre que lo sabe todo, figura del “seny” pero asaltada por la idea de que pierde un tiempo vital y propio con los cuidados que dispensa a P, y que decide dejarlo librado a sus rabietas hasta que es reclamada por un Otro tercero (maestros), momento en que acude y lo alivia dándole cosas consideradas necesarias, lo cual parece calmarlo; una madre que sabe de su poder sobre P y que en el transcurso del trabajo realizado con el analista puede asociarlo con su propia historia familiar, y puede ubicar en si misma un “querer hacerse oír sin hablar, sin desprenderse del goce estático de estar ahí”. Vemos a un padre que no sabe qué es la criatura humana, que desde siempre ya decía a su mujer que el nacimiento de su hijo no alteraría sus costumbres y que debería ser P quien se ajustase a su estilo de vida, y que posteriormente debe trasladarse diariamente a un trabajo alejado que le ocupa todas las horas del día y prácticamente de la noche. P reacciona ante estas posiciones parentales con conductas llamadas de desajuste según los manuales estadísticos. Desde los 3 años se encuentra estancado en la queja “nadie me entiende” y en la expresión de su misión: “se enterarán” (si no le compran lo que necesita) y, al inicio del tratamiento, con 14 años, tiene una relación turbadora con el cuerpo y no ve salida a la inexplicable impulsión de su conducta.

Winnicott, ante algunos jóvenes que consideran no haber heredado dotes para consentir a los estragos que produce el cumplimiento de las renuncias que exige el Otro familiar y educativo, dice que la conducta complusiva e inadecuada da paso a la oportunidad para rectificar la posición del sujeto ante la demanda del Otro.

Lacan, en el capítulo XXIV de La Angustia, asevera que el trastorno de conducta reclama una oportunidad para producir la cesión de algo que permita articular la constitución del objeto (a) respecto a la función del Otro como lugar de la cadena significante. Y observa como en la clínica se puede verificar que, con ese efecto de cesión, paradójicamente, aparece la angustia. Renunciar a la impulsión que la necesidad reclama, recortarla, desvela un peligro vital que sólo el amor calma.

Así, en el caso de P, encontramos la dinámica de un cuerpo que hablapide por medio de sus trastornos, entre la demanda del Otro materno y el mundo ordinario concebido a partir de las normas, sus transgresiones, las culpas y la psicopatologia cotidiana: un Otro completo que, por seguir el título de la presentación, no permite la desnaturalización del objeto (a). Y sólo la compañía materna calma la conducta de P…

En el trabajo con el analista (en el que éste se ubica como un órgano del analizante, como un objeto que pertenece al analizante), abierto a partir de la interrogación sobre su manera de pedir – “sólo pide lo que necesita para vivir tranquilo” –, va construyendo una narración familiar, y puede llegar a decir “mi manera de pedir era no pedir, callar. Y cuando me daba cuenta de que no me hacían caso o no me entendían el cuerpo se me iba hinchando de rabia y de vacío por dentro…”. Ahora ya no pide cosas, pide quedarse con un saldo negativo en el cuerpo, para poder estar con sus compañeros. Y, en relación a lo cedido que limita su organismo, puede preguntarse: ¿qué hará señal de lo real y lo incorporará al síntoma social de la época?

Glòria Bladé
Título
El objeto ready made
Fecha
21/11/2006
Horario
21:00 h.
Participantes
Miquel Bassols
Descripción
Miquel Bassols empezó refiriendose a la presentación en julio 2006 del próximo Congreso de la AMP, en la cual Miller situó tres registros:
- el registro de los tres objetos freudianos (oral, anal, fálico) y de los dos objetos lacanianos (escópico y vocal)
- el registro que está hecho de los equivalentes de los primeros en la cultura. Al lado de los objetos naturales del cuerpo fragmentado, cada uno da lugar a una fabricación de objetos cesibles que se hace a partir de objetos naturales.
El registro de todos los objetos de la sublimación: son todos los objetos que pueden venir en el lugar del objeto perdido, en el lugar de la Cosa. Es en este último registro donde podemos situar el objeto ready-made de Marcel Duchamp al cual Lacan se referirá en tres ocasiones.
Este objeto ready-made, dice M. Duchamp, no debe producir ningún placer sino más bien una anestesia completa. Es un intento de abordar el objeto más allá del principio del placer. El ready-made no tiene nada de único, no hay original, sólo réplicas. Un buen ejemplo de un objeto ready-made sería hacer de un Rembrandt una tabla de planchar.
Lacan se refiere al objeto ready-made en tres ocasiones: en el Seminario X, clase 15 “Un asunto de macho”. Aquí se trata de la posición particular de la mujer en relación al objeto a. Lacan se refiere también a este objeto en la clase del 25 de mayo de 1966: en dicha clase presenta el objeto ready-made a lo que es heterogéneo a la representación. La tercera referencia de Lacan sobre el objeto ready-made se encuentra en “La tercera”: “…La interpretación siempre debe ser, como dijo, a Dios gracias, aquí mismo y ayer, Tostain, el ready-made, Marcel Duchamp- a ver si con eso pescan algo. Nuestra interpretación debe apuntar a lo esencial que hay en el juego de palabras para no ser la que nutre al síntoma de sentido.” La orientación de Lacan es que la interpretación no añade sentido, sino que, más bien, apunta a vaciar el sentido.
El ready-made intenta aislar la cosidad de la Cosa, ó, lo que también podríamos llamar, la objetalidad del objeto. Miller dijo que era un quod sin quid, un ser sin esencia. Puede decirse que es, el hecho de que es, quod es, pero no puede decirse qué es, quid es. Cualquier objeto podría se elevado a la categoría de objeto ready-made. M. Duchamp dirá que no es un objeto de arte (d´art) sino un objeto dardo (dard). El objeto ready-made incorpora siempre el vacío. Consiste en introducir un vacío en el objeto. Todos los objetos ready-made incluyen una falta en algún lugar. Siempre hay la inclusión de un vacío. Lo ready-made es lo que hace ver la falta esencial que habita y sostiene a todo objeto. También podemos decir, concluyó Miquel Bassols, que la condición de ready-made hace presente el objeto a en la medida en que requiere la mirada del que está presente.

Isabelle Durand
Título
“La a-phonía de Lacan: a propósito del objeto voz”.
Fecha
21/11/2006
Horario
21:00 h.
Participantes
Iván Ruíz
Descripción
Ivan Ruiz inicio su presentación diciendo que el objeto voz es la última de las formas del objeto a que Lacan presenta en el seminario La Angustia, y del que dice que permite revelar la función de sostén que liga el deseo a la angustia en lo que es su último nudo. Es, por tanto, un objeto del deseo y, para hablar de las dimensiones nuevas que aparecen en esa relación deseo-angustia, Lacan recurre al trabajo que Theodor Reik había publicado bajo el título “El ritual. Psicoanálisis de los ritos religiosos”. Se trata de una erudita investigación alrededor del Shofar -instrumento de viento, considerado por algunos como el precursor de los instrumentos de viento-, el sonido del cual es convocado en la parte final de las fiestas judías que siguen al Año Nuevo y que recibe el nombre de Yom Kippur (Día del perdón). El interés de Reik por el sonido inquietante del Shofar y su protagonismo en el ritual judío radica en lo simbólico que persiste todavía hoy por el hecho de identificarse el instrumento y el sonido que produce con la voz de Yahvé. De este modo se renueva en cada ocasión la alianza del pueblo de Israel con Dios, a la vez que se hace presente la voz del padre en tanto que muerto.
El interés de Lacan en este punto es manifiesto aunque en las tres clases que consagra al objeto voz producirá un nuevo modo de pensar la función del Shofar que seguirá la lógica de las cuatro formas restantes del objeto a, esto es, el sonido que este instrumento emite como un objeto separado del cuerpo. Por tanto, lo que ha venido demostrando a lo largo del seminario: la separación como constituyente del estatuto del objeto. A partir de esta premisa, el objeto voz puede localizarse en la experiencia analítica de dos formas: a través de las voces extraviadas de la psicosis, por un lado, y en el carácter parasitario que adquieren los imperativos interrumpidos del superyó, en las neurosis, esencialmente, por el otro.
La dificultad de todas estas cuestiones radica en que el objeto voz, pensado de esta forma, es un objeto que se desvincula de lo acústico pues no pertenece al registro sonoro, no tiene un referente acústico. Es por ello que, aquí, la voz como objeto se aleja de la música como producción sonora y de la retórica como modulación del significante sonoro, pero también de la palabra como fonematización productora del sentido. La voz, entonces, es aquello que queda como resto sustraído entre lo que está por significar y la cadena significante que resulta. En cualquier caso, ello no impide que la voz modulada, toda sonoridad, pueda tener la función de modelar el vacío que producirá cada vez esa operación vinculada a la castración, modelar el lugar de nuestra angustia, del deseo del Otro que ha debido tomar ahí forma de mandato.

Isabell Durand
Título
Las dos Angustias en el Seminario X
Fecha
07/11/2006
Horario
21:00 h.
Participantes
Enric Berenguer
Descripción
Enric Berenguer presentó su intervención como el producto de pequeñas hipótesis surgidas en una primera lectura del Seminario X mientras estuvo trabajando en su traducción. En primer lugar, señaló la existencia en el Seminario de dos angustias que hay que distinguir. Una relacionada con el objeto, que surge como excesivo, examinada por Lacan en la segunda parte del Seminario; la segunda, la angustia de la falta, vinculada al objeto-causa de deseo. Así, el citado texto se prefigura como una nueva doctrina sobre el goce.
Al inicio de su exposición, Berenguer indica como novedad la existencia en el texto de un nuevo estatuto del “objeto causa de deseo”, se trata del objeto pulsional, lo que representa un cambio fundamental con respecto a lo desarrollado en el Seminario V.
Las diferentes modalidades del objeto pulsional están presentes de forma sincrónica y su aparición quedará ligada a los cambios y a la relación con el Otro por parte del sujeto. Son objetos separables que por efecto de esta posibilidad de corte, pueden constituirse en objetos intercambiables que al estar relacionados con un borde corporal, introducen la cuestión de la hiancia como algo estructural, presente desde el inicio. Por la acción misma del corte, el objeto como tal pierde su consistencia originaria: “lo que especifica a cada objeto es el tipo de pérdida que lo constituye”.
Posteriormente, Berenguer se refiere al capítulo VII para hablar de la dificultad que gira en torno al objeto fálico, señalando que la ambigüedad que le es propia da lugar a una articulación particular. Éste no aparecerá vinculado al deseo del Otro sino al “el deseo del sujeto” que tiene la necesidad de alojarse en el Otro. En este caso, la función de corte es algo que pasa por la diferencia, por lo cual el estatuto del objeto varía y se estructura retroactivamente en términos de castración. En la diferencia hombre-mujer, el corte imaginario sustituye un borde pulsional.
Atravesando todo el Seminario encontramos por un lado, la idea de un borde natural y por el otro la idea de corte, que aparece como una operación del sujeto. Es un esfuerzo por parte de Lacan para introducir la dimensión de lo no especularizable.
En efecto, el falo no está relacionado con un borde corporal. Al estar ligado originariamente a un órgano y por ende a su detumescencia, adquiere un valor singular marcado indefectiblemente por una carencia. El objeto fálico está condenado a caer en el encuentro con el Otro. Aquí, la dimensión del objeto aparece como sacrificial. En el caso del sujeto masculino, el punto de angustia surgiría a partir de “no tener ya nada que sacrificar al Otro”, es la emergencia de una falta que se localiza de su lado: la detumescencia. Esta aparente desventaja es lo que constituye su ventaja: da consistencia a la dimensión de la falta. Se entiende entonces la lógica masculina por la lógica del sacrificio. Berenguer referirá este punto como problemático en Lacan, agregando además que algo de la emergencia de la falta en el Otro sexo moviliza el deseo en el sujeto masculino, el cual trata de alojar en la mujer su propia castración personal. El hombre se angustia cuando no es capaz de alojar su objeto en el otro femenino, si éste aparece como un ser que “debería ser completo”.En este sentido, se puede formular una pregunta que perfila la orientación del trabajo: ¿Cómo es que se puede desear aquello que primero lo angustió?
La angustia de la mujer, en cambio, se manifiesta frente al fantasma masculino. Hay algo en el sujeto femenino que tiene que ver con la angustia frente a la degradación.
Considerar las variaciones respecto de la angustia en el hombre y en la mujer es un modo de referirse a la hiancia entre deseo y goce, donde los objetos pulsionales aparecen vinculados al deseo del Otro, por lo que se puede decir que “la angustia da una cara al goce y otra al deseo”.
Berenguer señala otra novedad que Lacan introduce en el Seminario, se trata de un cierto cambio en el registro del Otro: el Otro sexual. La castración implica una modalidad diferente en relación a la falta: cuando se trata de angustia de castración, se trata del hombre y la mujer.
Lacan examina la angustia de castración relacionándola con un exceso, con una presencia excesiva del objeto. Dicha angustia se opone al fracaso del encuentro sexual, donde el amor es una suplencia posible, dando lugar a la articulación entre goce y deseo.
La angustia de castración será entonces la dificultad del sujeto para separarse de un goce que aloja en el Otro y a su vez le da existencia. “El sujeto usa al otro para producir un corte en su propio goce”. Dicha operación de separación sólo puede asegurarse a través de un significante, y ese significante falta.

Rosana Álvarez
Título
Antecedentes freudianos del objeto a
Fecha
17/10/2006
Horario
21:00 h.
Participantes
Lucia D`Angelo
Descripción
Lucía D’Angelo presentó su trabajo sobre los antecedentes freudianos del objeto a en el espacio central de la Escuela el pasado martes día 17. Situándose en los últimos capítulos del seminario de “La Angustia” en tanto que anticipan el seminario sobre los “Cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, D’Angelo hizo un recorrido sobre los conceptos que Lacan toma de Freud, así como aquéllos de los que se aleja. Las referencias bibliográficas de la presentación de Lucía D’Angelo consistían en los siguientes artículos de Sigmund Freud: “Tres ensayos para una teoría sexual”, “La organización genital infantil”, “Inhibición, síntoma y angustia” y la conferencia “Angustia y vida pulsional” de “Introducción al psicoanálisis”. Asimismo, la presentación se orientó por la lectura de Jacques-Alain Miller al seminario de “La Angustia”. Finalmente, D’Angelo retomó un artículo propio “La angustia y el trauma. Apuntes de lectura” escrito a partir de su testimonio de AE.
Como punto de partida, D’Angelo señaló la relevancia de que en este seminario Lacan se interrogue sobre la función de la angustia, y nos propuso dilucidar la afirmación según la cual la angustia es la vía de acceso al objeto. De entrada, Lacan se distancia así de la premisa freudiana por la cual la angustia sería sin objeto. Por el contrario, va a situar a la angustia en serie con la falta y el deseo, de manera que ésta sería, para repetir un famoso aforismo, la señal de la falta de la falta.
En este sentido el seminario implica un cambio de paradigma en relación al goce, siguiendo la ordenación de Jacques-Alain Miller. Ya no se trata del goce de la trasgresión, como en el seminario de “La ética del psicoanálisis”, sino del goce obtenido por el trayecto de ida y vuelta de la pulsión. De manera que aparece una clara disyunción entre el significante y el goce. En este seminario, pues, no nos encontramos con un cuerpo unificado por el significante, sino con el cuerpo fragmentado por las pulsiones, erógenas, autónomas, cuya integración se obtiene por el trayecto de ida y vuelta entorno al objeto. Es así que si en los años anteriores de su enseñanza, Lacan construyó su teoría a partir del significante, ahora empieza un trabajo de desmontaje para ir más allá de sus propuestas previas. Como señaló D’Angelo, Lacan para ello debe ser en algunos casos poco freudiano. Esta nueva andadura, que inaugura un giro en la enseñanza de Lacan, será lo que le permitirá ir más allá del Edipo.
Así el término freudiano de libido es traducido y redefinido por el de goce. De este modo, el objeto a se convierte en un elemento, en una substancia de goce que no tiene una correlación significante. A diferencia del objeto freudiano que es un objeto perdido, Lacan argumenta que de lo que se trata es de la separación del objeto como respuesta de goce. Y, en definitiva, sólo se goza del cuerpo. D’Angelo señaló que frente a la angustia de castración freudiana, Lacan introduce la detumescencia del órgano fálico en el momento del goce. De manera que liquida así el agente de la castración, reubica el concepto de castración que distingue de la angustia de castración. En este sentido, aclaró D’Angelo, la separación de los órganos hace perder la primacía del falo simbólico, abre la posibilidad de añadir otros objetos a los freudianos, y generaliza la castración.
De modo que el órgano perdido ya no lo es por la castración sino que se trata de una pérdida de goce. Lacan inicia así su disyunción respecto al Edipo freudiano y generaliza la castración bajo la forma de la separación. Como D’Angelo indicó, la caída del falo simbólico corre pareja de la ascendencia del objeto a. Si para Freud la angustia de castración pone en el centro la pérdida del objeto, para Lacan la angustia deviene señal de lo real. En Freud existe una suerte de cronología que lleva al sujeto desde unas pérdidas primordiales que lo preparan para la castración —pérdida de objeto, ausencia de la madre, angustia de castración— de tal manera que lo que angustia es el objeto en menos. Mientras que para Lacan se trata del objeto en más. Aunque en Freud se encuentra ya el peligro de la exigencia pulsional como real, en Lacan se formaliza el real en juego en las pérdidas, eso es el objeto a, cuya función generalizada no es edípica ni está inserta en ninguna cronología del desarrollo.
Finalmente D’Angelo subrayó que la tesis por la cual el deseo es la ley, significa una reducción del Edipo. La ley prohibe el objeto y dirige el deseo. Ahora bien, el objeto es anterior a la ley y al deseo. Y la vía para acceder a él no es sino la de la angustia.

Neus Carbonell.

Bibliografía y referencias

Lacan, J.: El Seminario, La angustia (1962-1963), Libro X, “Las cinco formas del objeto a”, Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 231.
Freud, S.: Obras completas, T. VII, Tres ensayos de teoría sexual (1905), Cap. II, “Fases de desarrollo de la organización sexual”, p. 179, Amorrortu, Buenos Aires, 1978.
Freud, S.: Obras completas, T. XIX, La organización genital infantil (Una interpolación en la teoría de la sexualidad) (1923), p. 141, Amorrortu, Buenos Aires, 1979.
Freud, S.: Obras completas, T. XX, Inhibición, síntoma y angustia (1926), p. 71, apartados VII y VIII, p. 118, Amorrortu, Buenos Aires, 1979.
Freud, S.: Obras completas, T. XXII , Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis (1933), 32º Conferencia “Angustia y vida pulsional”, p. 75, Amorrortu, Buenos Aires, 1979, p. 80 y sgtes.
Miller, J.A.: “Los seis paradigmas del goce”, en revista Freudiana , nº 29, Escuela lacaniana de Psicoanálisis, Barcelona, 2000, p. 15.
Miller, J.A.: “Introducción a la lectura del Seminario de La angustia (J. Lacan)”, en revista Freudiana, nº 42, Escuela lacaniana de Psicoanálisis , Barcelona, 2005, p. 7.
Miller, J.A.: “El tiempo del síntoma”, en revista Pliegos, nº 5/6, Escuela Europea de Psicoanálisis, Madrid, 1997, p. 15.
D’Angelo, L.: “La angustia y el trauma. Apuntes de lectura”, en Estudios psicoanalíticos. Trauma y discurso. Eolia, Madrid, 1998, p. 105.

Lucia D`Angelo
Título
Los objetos (a) en la experiencia analítica
Fecha
03/10/2006
Horario
21:00 h.
Participantes
Vicente Palomera
Descripción
El pasado 3 de octubre se llevó a cabo en la sede de Barcelona la presentación del Espacio Central, que este año llevará por título “Las cinco formas del objeto a”, eje de trabajo propuesto por J.A. Miller con miras al VI Congreso de la AMP que tendrá lugar en Buenos Aires, en 2008.
La presentación estuvo a cargo de Vicente Palomera, responsable de la comisión, quien tras un primer momento de agradecimientos y presentación del marco que acoge este espacio -un lugar de lectura epistemológica y clínica-, hizo una introducción teórica al Seminario X de Jacques Lacan, “La angustia”, ciñéndose especialmente a la última parte del mismo.
En “Le sinthome”, Lacan apunta a que hay sólo un objeto a, que puede tomar diferentes formas. Se trata de pensar esta postulación como cinco variables de un objeto, explicó Palomera. Lacan, por su parte, hablará de funciones del objeto, y serán éstas precisamente, las formas que puede tomar el objeto. El recorrido que inicia Palomera por la tesis de Lacan, parte de una cuestión planteada ya en el Seminario VII “La Ética del Psicoanálisis”, cuando se refiere a la vasija como aquello que viene a contener el vacío de la castración. El objeto adviene inscripción en ese vacío que implica la castración primordial (castración primordial como función simbólica, a diferenciar de otras castraciones previas). Así pues, el objeto ocupa el vacío que deja la castración primordial y es a la vez representante del objeto de deseo. ¿De dónde viene ese objeto? Hay que pasar por el enigma del deseo del Otro, que actuará como mediador, y permitirá que surja el objeto de deseo. En este punto, Lacan hace uso de referencias a mitos en los que se pone en juego el corte y la constitución del deseo. Alude a diversos mitos en los que se da un corte de una parte del cuerpo, produciendo una pérdida sin retorno. Lacan entonces, retoma a Freud cuando dice que el rito intenta inscribir en lo simbólico, ese elemento natural, real. Lacan pone en serie objetos naturales como objetos cesibles, separados y perdidos. Decimos en serie, porque los cortes operan sucesivamente y en cada etapa se constituye una de las cinco formas del objeto a, a saber, seno, heces, falo, mirada y voz. Cada vez que se pone en juego una de esas formas, se pone en juego la relación del sujeto con el Otro. La pérdida es la que constituye al objeto y cada vez que éste aparece lo hace como lo más preciado para el Otro. En este sentido, se refiere a la doble dimensión del objeto: como agalma y como resto.
La tesis de Lacan enfatiza que esta serie de objetos son objetos naturales hasta el tercer tiempo del Edipo, hasta la fase fálica. Hablar de objetos naturales para Lacan implica que no han pasado por el campo del lenguaje y la función de la palabra. J.A.Miller dirá que este naturalismo en Lacan ayuda a relativizar la supremacía fálica en un intento de ir más allá del impasse freudiano de la castración, mediante la propuesta de cernir el recorrido de cada sujeto sobre ese objeto a. Al respecto, Palomera señala que tras la identificación especular ,en primer lugar, y la identificación al significante amo, al rasgo unario, en segundo término; se llega a la identificación al objeto que será la clave de la salida del análisis.
Finalmente, Vicente Palomera comenta los últimos capítulos de la cuarta parte del seminario que nos ocupa, en los que Lacan habla del deseo como deseo del cuerpo, tomando algunas proposiciones del budismo, abordando la relación del sujeto de la neurosis obsesiva con el deseo y con la angustia.
Antes de concluir la sesión, se enuncian los puntos que quedan pendientes de trabajar y se dedica un momento a la organización y difusión del calendario del ciclo.

Carolina Tarrida Farré.

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