Seminario: Los objetos a en la experiencia analítica. "La presencia del cuerpo en la experiencia analizante"

La presencia del cuerpo en la experiencia analizante.
De Comandatuba a Buenos Aires, vía Roma y pasando por Madrid, es el recorrido que va conduciéndonos hasta el VI Congreso de la AMP.
En efecto, si en Brasil 2004 Jacques-Alain Miller localizó el zénit del objeto a en la civilización hipermoderna, en Buenos Aires 2008 la comunidad de la AMP se propone explorar las consecuencias de este zénit en la clínica psicoanalítica.
En esta misma civilización, donde lo real parecería que desaparece, es donde el psicoanálisis lacaniano se mantiene en su interrogación sobre lo real, el suyo propio, que atañe al goce.
De ahí el interés por el objeto a. Cuando el objeto a comanda, ¿qué ocurre con el sujeto?, ¿qué posición para el psicoanalista?
De ahí también la necesidad de saber reconocer los nuevos modos de presentación de la demanda y la transferencia, así como los variados nudos del síntoma, para producir y acoger como conviene las diferentes soluciones del análisis.
Por eso para subtitular el seminario hemos tomado la propuesta clínica que presentó Jacques-Alain Miller en Roma: “si vamos a hablar de los objetos a en la experiencia analítica, intentemos dar cuenta de la presencia del cuerpo en el discurso analizante”.
Tanto para los miembros de la Escuela que viajarán a Buenos Aires como para la amplia comunidad que, desde Catalunya, seguirá atentamente lo que allí ocurra, nuestro objetivo es llegar al VI Congreso pertrechados de un trabajo previo —trabajo que ya fue iniciado y sostenido durante todo el curso pasado— que nos permita participar activamente en la gran conversación que reúne la AMP.
El seminario se organizará alrededor de las presentaciones teóricas y fragmentos clínicos que propongan los asistentes.
Comisión: Anna Aromí (responsable), Ricard Arranz, Marcelo Curros, Carolina Tarrida

Bibliografía
Jacques Lacan, La Angustia, Paidós, Buenos Aires, 2006.
Jacques-Alain Miller, ”Los objetos a en la experiencia psicoanalítica”, La Angustia. Introducción al Seminario X de Jacques Lacan, Colección ELP, editorial Gredos, Barcelona, 2007.
Jacques-Alain Miller, “L’avenir du Mycoplasma Laboratorium”, Ten line news nº 356, difusión internet.
Jacques-Alain Miller, Respuestas en la Lettre en ligne nº 42, difusión internet.
Éric Laurent, “Les enjeux du Congrès de 2008”, Lettre Mensuelle nº 261, publication de l’École de la Cause freudienne, Paris, Septembre-Octobre 2007.

CALENDARIO

16 de octubre de 2007. 21:00 h.
30 de octubre de 2007. 21:00 h Irene Domínguez
13 de noviembre de 2007. 21:00 h Marta Serra
27 de noviembre de 2007. 21:00 h Margarita Álvarez
11 de diciembre de 2007. 21:00 h Rosa Godinez
15 de enero de 2008. 21:00 h Carmen Alda
29 enero de 2008. 21:00 h Lidia Ramírez
12 febrero de 2008. 21:00 h Graciela Martínez
26 febrero de 2008. 21:00 h Matias Meichtri
11 marzo de 2008. 21:00 h Cecilia Hoffman
Título
El lenguaje, acontecimiento en el cuerpo
Fecha
11/03/2008
Horario
21:00 h.
Participantes
Cecilia Hoffman
Descripción
Un niño de cerca de tres años procede a un trabajo a través de objetos que hace presentes en las sesiones: el agua, las heces. Nuestra hipótesis es que lo que lo mueve a ello es el intento de tratar lo que no se produjo de pérdida de goce por un mal encuentro primordial con el lenguaje.


Se trabajó sobre el caso de un niño de 2 años y 10 meses, que lleva 10 meses en tratamiento. El caso presenta varias facetas. A continuación resumimos siguiendo el hilo de lo que luego fue retomado en el debate.
A los dos años, Dani no habla, no se relaciona con sus compañeros de la guardería, deambula frenéticamente, arroja con fuerza los objetos que encuentra a su alcance, y, a veces, abre ventanas en un primer piso, a pesar de (o con motivo de) las advertencias de los adultos. Inició la deambulación a los 9 meses. En el discurso de la madre, el cuerpo del niño aparece como causa de un acontecimiento traumático. A los cuatro meses del niño tuvo que interrumpir la lactancia materna a causa, según cree, “del frenillo de la lengua demasiado corto” del niño. En ese momento, “una locura”, ella no pudo despegarse del extractor de leche hasta que su marido lo escondió. La tesis de la madre está en relación con otros dichos suyos (“no habla, no sabe jugar, todo lo tira”) en los que también es claro el déficit de atribución subjetiva a las demandas del niño, que producen en ella y en el padre un efecto de extrañeza. La hipótesis sobre la posición de la madre respecto al hijo es que se sustrae del lugar de interlocución, entendido como lugar del Otro que cedería algo de su goce para acoger el deseo. .
La “fuga motriz” está descrita por E. Berenguer como “falsa separación”, solución del sujeto ante la imposibilidad de tomar la palabra, de usar el lenguaje en nombre propio. En estos casos, o en estos momentos, el lenguaje no opera como regulador de goce sino como desestabilizador. .
En las primeras sesiones, este niño inició un trayecto por la via de la producción de saber, pero esta vía fue sustituida por otra: ha ido estableciendo circuitos, remedos metonímicos del fort-da, que cumplen la función de sostener a los objetos –juguetes, en un primer tiempo- que antes eran simplemente arrojados. En esos circuitos, que incluyen al Otro, los objetos se valorizan, y él se apropia de ellos, con una frase y gesto elocuentes sobre el alcance subjetivo de dicha operación: mientras los atrae hacia su cuerpo y los abraza, dice “es tuyo”. Desde el inicio estas construcciones tienen un claro efecto apaciguador, pues cesa el deambular frenético; y el “arrojar” se ordena... hasta cierto punto. En efecto, persiste en romper los circuitos, arrojando, en cada sesión una vez, los juguetes repentinamente. Después de este gesto el niño permanece perplejo unos segundos, inexpresivo, desvitalizado. Aquí la hipótesis, de acuerdo a los desarrollos de E. Berenguer y de E. Laurent , es que se trata de una ausencia real del sujeto, a diferencia del fading producido cuando opera el par alienación-separación. Esta persistencia da cuenta de la precariedad de la construcción lograda hasta ese momento, pues el fondo de pulsión de muerte se revela allí como empuje para el que no alcanzan los remedos. En el momento al que corresponde el relato, Dani ya no arroja, en la vida diaria, todos los objetos que están a su alcance. Sí arroja copas, vasos.
El agua y las heces pasaron a formar parte del trabajo de sesión después de un intento fracasado de quitarle el pañal, fracaso marcado por los reproches de los padres, para quienes, como fue bien durante unos días, “si antes lo hacía, quiere decir que sabe”. Él empezó a elegir el momento de la sesión para hacer caca. Desde entonces, en cada sesión, avisamos a la madre, que realiza la higiene del niño en compañía de la terapeuta. Poco después de iniciado este proceso, en una sesión, al volver del cambiador, el niño descubrió un surtidor de agua en el trayecto y se abalanzó sobre él gritando “aba”. En esa sesión consentía a que la terapeuta se incluyera en el circuito sirviéndole el vaso, bebía un sorbo y arrojaba el resto al suelo, en un gesto característico, descrito antes respecto a la ruptura de los circuitos. En la sesión siguiente, pedía el agua a la hora de salir, consentía a depositar el resto en un cuenco que la terapeuta puso a su disposición, y después de varias sesiones en las que esto se repitió, pedía agua al entrar y pasaba el agua y la plastilina por un circuito de recipientes, jugando a cocinar y a comer. La madre informa que ya no arroja copas y que pide un cuenco dónde depositar el resto de agua cuando bebe en casa. Poco después, el agua dejó de interesarle en sesiones, para pasar a construir circuitos de recipientes por los que hace transitar bolitas de plastilina. Para ir a que la madre le cambie el pañal, se lleva uno de estos recipientes lleno, con cuidado de que no caigan.
En la última sesión, sin embrago, volvió a arrojar, después de tiempo de no hacerlo, los recipientes, las bolitas y todo al suelo, y se quedó perplejo. Del suelo recogió una bolita ínfima, diferente a las demás, y se aferró a ella. Se había hecho daño en la mano al golpear con fuerza los juguetes para arrojarlos. Fuimos al lavabo, no a cambiarlo sino a curarle. Allí, repentinamente, arrojó la bolita al water, tiró de la cadena, y mientras la madre le decía que él la había tirado y él había tirado de la cadena, lloró, por primera vez en mi presencia, aferrado a mis piernas.
En el debate se planteó la cuestión del lugar de la terapeuta, y se distinguió entre la posición respecto al niño, plástica, dejándose usar para su elaboración particular, y la posición respecto a la madre, que obtiene “consejos”. Esto dio lugar a hablar sobre la ficción fálica, que en algunos casos de psicosis infantil conviene, si es posible, inyectar. Se enfatizó la presencia de la terapeuta en el momento de la higiene del niño como significación de autorización de la separación del objeto que se le pide. Se habló de la extrema fragilidad de la madre y de su enunciación superyoica, también extrema. Su profundo desconocimiento sobre lo que debe aportar el Otro para que el juego, el lenguaje, el sujeto se constituyan se puso en relación con este reproche primordial de que el niño no sea ya un niño al nacer. Respecto al padre, concluimos que logró que su mujer consintiera a perder el extractor de leche, pero no que cediera el objeto en juego, es decir, no que operara la castración, ausente ya por estructura.
Se subrayó también la necesidad de la existencia de un agujero delimitado para que el niño haga caca. En relación a esto, se interrogó sobre el sentido posible del arrojar la bolita al water. Por el momento, sólo se puede señalar que hubo un acontecimiento allí, pues el llanto testimonia de algo diferente respecto a la perplejidad de las otras ocasiones. Pero es necesario esperar para saber cómo continúa esta elaboración incipiente.
Como conclusión temporal y parcial, podemos decir que, ante el fracaso de las operaciones de alienación y separación, el sujeto se constituye con remedos. No ha habido cesión del objeto. El objeto que se le pide ahora y que es capaz de retener no será, en rigor, cedido, como no lo fue el pecho en el destete, pues no fue suyo. El cuenco donde alojar un resto funcionó para suplir esa operación. Habrá que ver, sin prisa, si logra inventar algo, bajo transferencia, para separarse y perder las heces.
El día de esta presentación era la última reunión del Seminario “La presencia del cuerpo en el discurso analizante”. Se abrió un tiempo de conversación sobre el mismo, concluyendo entre otras cosas que funcionó como un espacio vivo de elaboración colectiva, en el que tuvo 1 lugar el trabajo en torno a las preguntas que siempre abre la clínica.

Cecilia Hoffman
Título
“Con su cuerpo algo mío también se ha ido”
Fecha
26/02/2008
Horario
21:00 h.
Participantes
Matias Meichtri
Descripción
“Con su cuerpo algo mío también se ha ido” son las palabras que un hombre encuentra para transmitir el dolor por la muerte de su mujer. Palabras que me han hecho pensar que una situación de duelo pone en juego, entre otras cosas, la dimensión del objeto a. En el partenaire sintoma, el objeto a ocupa un lugar distinguido, que muestra todo su vacío cuando quien consentía en ocupar ese lugar muere repentinamente.
Título
El hombre del muro
Fecha
12/02/2008
Horario
21:00 h.
Participantes
Graciela Martínez
Descripción
Presentaré una viñeta que muestra cómo un sujeto se sirve de uno de los nombres de la época para poner a distancia el goce que lo invade, en tanto no se ha producido la extracción del objeto voz como efecto de la operación de la castración. Además, la particularidad del caso –el paciente es un hombre sordo que tiene alucinaciones auditivas–, permite distinguir entre el objeto voz y lo sonoro.

Graciela Martínez
Título
Entre una mirada y otra.
Fecha
29/01/2008
Horario
21:0 h.
Participantes
Lidia Ramírez
Descripción
Este trabajo, presentado en el espacio de la CdC de la ELP orientado hacia el próximo Congreso de la AMP, "Los objetos a en la experiencia psicoanalítica”, pretendía dar cuenta de la forma cómo aparece el objeto mirada en una experiencia clínica.
Se trata de una niña de 10 años que es derivada por su maestra a un dispositivo de atención psicológica de los Servicios Sociales. La maestra está alarmada por las escenas de violencia familiar que la niña le cuenta. La niña muestra una situación de desamparo entre un padre alcohólico y violento que no puede ocuparse de ella y una madre que la niña nombra como “abandónica”. El trabajo psicoanalítico comienza con el relato de una serie de pesadillas que la niña sufría desde hacía años, cuyo contenido principal es que “alguien la mira”. La niña podrá concretar más adelante, bajo la forma que Freud nos enseñó a reconocer en la negación, que se trataba de una mirada paterna. Por otra parte, la niña contempla una y otra vez unas fotos de su madre que le hace llegar un familiar a quien la niña se siente muy apegada, ya que fue quien la cuidó mientras duró el proceso de emigración de la familia.
La niña muestra una serie de síntomas que afectan, por un lado, sus relaciones sociales: tiene miedo a conocer personas nuevas porque teme que le puedan pegar, teme también la agresividad de sus semejantes, sobre todo de los varones. Por otra parte tiene dificultades en el campo del saber y se muestra “despistada” ante las tareas escolares. Una contingencia que acaece a la analista hace que la niña tenga que ser derivada a otra psicóloga. La derivación pone en marcha en primer lugar la resistencia de la niña, primero por el lado de su miedo a conocer a alguien nuevo, y luego por que “no lo necesita”. La pregunta que se hace la analista de cómo ofrecer este “recurso” sigue la línea del deseo y se aparta de la necesidad. De este modo surge una nueva demanda: “olvidar” lo que le ha pasado a ella y a su familia. Esta nueva demanda hace posible la derivación.
El recorrido analítico llevado a cabo durante tres meses pone de manifiesto un cierto funcionamiento del objeto escópico entre la dimensión de la angustia, representada en las pesadillas, y la dimensión del goce, que se aprecia en el acto de la niña de ir a mirar a su madre, a quien no quiere olvidar, en esas fotos de que dispone. Así abre una senda a la dimensión del deseo, ya que aunque sea “una niña diferente a las otras niñas que tienen un papá y una mamá”, esto no le impide desear hacerse mayor e imaginarse siendo una maestra, ya que le gusta “pensar en enseñar a los niños”.
¿Qué preguntas se le pueden plantear a este caso? Fue la manera como se inauguró el espacio del debate tras la presentación del caso y las preguntas aclaratorias. Se tomó como referencia la lección XII del Seminario La angustia de Jacques Lacan y, en concreto, la cuestión de “la angustia como señal de lo real”. El caso muestra el desvalimiento de la niña, por un lado, y, por el otro, su posición de goce. Esto nos permite ver que, tomando la clínica desde el objeto a, podemos orientar la cura según la posición de goce del sujeto y no según lo que objetivamente podríamos destacar en lo que está en la vida de esta niña: su desamparo, que podría conducir a una victimización. También nos sirvió la lección VIII, en la que Lacan sitúa la angustia como “única traducción subjetiva” del objeto a.
El caso también plantea una pregunta respecto de si es posible concebir el objeto a como un “recurso” subjetivo, o si se puede pensar que el sujeto hace un “buen uso” de ese objeto. En relación a este punto aparece la cuestión de que el objeto escópico se presenta en este caso con “demasiada consistencia” algo que plantea preguntas sobre la cuestión del vacío y del objeto a como vacío. Seguramente esta consistencia está en relación con la situación de desamparo que afecta a la niña: para enfrentarse a ella, la niña sostiene al padre e imagina un lugar, para ella, en la madre. Se muestra así este punto que Miller señaló en su presentación en Roma del VI Congreso de la AMP: “..si Lacan ha vuelto tan a menudo, con una especie de predilección, sobre lo escópico, es precisamente porque ve ahí, si puedo decirlo, la relación más ilusoria del sujeto en cuanto al objeto a, que se encuentra como desaparecido, eclipsado en la visión, y de tal manera que el sujeto desconoce más que nunca lo que pierde en lo que cree ser contemplación”.

Lidia Ramírez
Título
Algunas pinceladas sobre el objeto a en el campo de lo escópico
Fecha
15/01/2008
Horario
21:00 h.
Participantes
Carmen Alda.
Descripción
“Los ojos no bastan, hace falta reflexionar”. Esta frase de Cézanne va en la línea de las tesis de Lacan, las cuales cuestionan el paradigma tradicional sobre la contemplación pura como experiencia para acceder a la verdad, en tanto separada del lenguaje y de todo fin libidinal.
Mediante recortes extraídos de la cura de una niña, trataremos de localizar el valor otorgado al objeto mirada y sus efectos sintomáticos concomitantes. ¿Cómo operó la función de la palabra para “romper” el cerco gozante en el cual estaba instalada? Ella muestra que “ver” el mundo no significa apropiarse de él, ni usarlo, ni gozarlo, sino más bien ponerse a distancia del mundanal ruido.

Carmen Alda


La celeridad con que se produjeron una serie de efectos terapéuticos, ayudaron a reubicar algunas de las posiciones subjetivas mortíferas de Ariadna (7 años) y de sus padres, quienes consintieron en venir a consultar, no porque vieran síntomas en su hija. Fue la maestra quien detectó y puso por escrito, en un informe digno de elogio, las frecuentes “oscilaciones anímicas” de la niña, su cansancio físico, sus retrocesos en la lectura, su actitud de ir a “contracorriente”. En definitiva, fue la maestra quien pudo detectar los signos de tristeza y de sufrimiento que la niña padecía.
Una de las preguntas que abrió el debate apuntó al acto analítico y a sus consecuencias, traducidas en los cambios operados en el primer movimiento del proceso transferencial, tanto en la niña como en los padres. Estirando del hilo surgieron otras: ¿Por qué éstos negando lo que le pasaba a Ariadna, aceptaron buscar ayuda psicológica siguiendo la indicación de la maestra? ¿Cómo es que los efectos de separación les alcanzaron también a ellos, sobre todo a la madre?
Las coordenadas del caso nos dieron el marco simbólico para ir respondiendo y para seguir la lógica de dichos efectos. El paso dado por los padres para consultar por los síntomas de Ariadna brindó la ocasión de hablar de la historia familiar en su momento fundante, de la desestabilización del padre y de los acontecimientos de cuerpo vividos por la madre. En la primera entrevista hubo un despliegue de palabras retenidas, síntomas enquistados que supusimos estaban “a la espera de”. Darles curso mostró la fragilidad estructural con la que se construyó el edificio simbólico familiar y los arreglos imaginarios con que se sostenía.
La fascinación de estos padres por el significante “cultura sin esfuerzo” lograba dar una consistencia imaginaria pastosa al cuerpo familiar. El señuelo de su deseo lo encarnan los síntomas de Ariadna, ubicada como “el elemento de bienestar familiar”. Ella es representada en el grupo de hermanos haciendo excepción, con síntoma cero, lo cual le empuja a gozar de ese punto ciego de los padres. Ariadna responde con lo que tiene, la relación con sus objetos de goce y con su síntoma, cuestionados por el saber extraído en el proceso de la cura.
Dedujimos que el encuentro de los padres con una analista fue facilitado: venían apuntalados por la transferencia previa establecida por una persona de su contexto. Esto pudo influir en su decisión de consentir en una primera cesión del objeto y apostar por la palabra, lo cual les permitió escucharse.
Las producciones correspondientes a las tres primeras entrevistas con Ariadna mostraron que su palabra estaba retenida. Su posición de goce tenía como coartada el objeto a en el registro del campo de lo escópico: hacerse ver y hacerse alimentar. El aceptar tomar la palabra hizo girar su posición subjetiva. La cesión del goce que la petrificaba le permitió orientar su visión hacia la esfera del mundo para verlo –no contemplarlo– dividido y habitado, con sus objetos diferenciados y vivos, en movimiento.
También las preguntas de los asistentes contribuyeron a dilucidar cómo este caso nos enseña que, a pesar de que el padre no resistió los envites que le supuso como hombre pasar a encarnar la función del Nombre del Padre, Ariadna está sujeta a la norma fálica y avanza en su proceso de sexuación. Este discurre por unos parámetros no exentos de dificultades, por sus identificaciones con el síntoma de la madre. Esta no pudo superar los efectos de la maternidad y quedó afectada por una depresión post-parto no tratada y recubierta con el nombre dado por la medicina: “fatiga crónica”.
Esta presentación se ciñó a las primeras producciones bajo transferencia y sus efectos terapéuticos: liberar el goce mortífero que alienaba y del cual estaba cautiva Ariadna, cuyas consecuencias afectaban a sus procesos de separación.

Carmen Alda
Título
El cuerpo de Raquel.
Fecha
11/12/2007
Horario
21:00 h.
Participantes
Rosa Godínez
Descripción
"Lacan en el S.X indica que la función angustiante del deseo del Otro apunta a un “no sé qué objeto a soy yo para dicho deseo”. Ésta es la pregunta desesperada que una muchacha, que viene a consultar a un CSMIJ de la red de salud mental pública, hace presente en su propio cuerpo. A través de un ejemplo clínico veremos qué cubre el diagnóstico médico con el que llega el sujeto, y qué función cumple el objeto oral alrededor del cual gira el caso. Para ello haremos uso de la orientación hacia lo real en tanto nos interesamos hoy por la clínica del goce, por la dimensión del cuerpo y de la pulsión."

Rosa Godínez


El caso presentado el 11 de diciembre con el título: “El cuerpo de Raquel” apunta al modo particular con el que el sujeto estructura su relación con el Otro y con lo real del goce, siendo lo central la serie de fenómenos que afectan al cuerpo del sujeto bajo la modalidad de un rechazo radical, un rechazo del cuerpo en torno al objeto oral, que se puede formular como “comer nada”.
Raquel es una adolescente que encarna en su cuerpo, de manera desesperada, lo que Lacan, en su Seminario X, La angustia, indica acerca de la función angustiante del deseo del Otro y que formula como “no sé qué objeto a soy yo para dicho deseo”.
Propuse leer el caso siguiendo la orientación de lo real, con los elementos que nos proporciona la clínica del goce, la clínica de las respuestas del sujeto frente a la pulsión. En esta línea enfaticé el pasaje del sujeto, que entra en la consulta de un Centro de Salud Mental Infantil i Juvenil (CSMIJ) con el diagnóstico médico de “anorexia por trastorno de alimentación” y que en el transcurso del tratamiento revela como su 1 trastorno la relación que mantiene con la imagen de su cuerpo. Hasta aquí el primer tramo del tratamiento analítico.
Dejé apuntada la entrada en el segundo tramo, en el que el sujeto muestra los signos de un gran sufrimiento. A medida que pierde centralidad el acto de comer y la delgadez corporal de Raquel, toma relevancia otra cuestión: lo que el sujeto nombra como “su paranoia”.
En el debate convenimos que es a partir de ahora cuando comienza el tratamiento del 1 malestar subjetivo. Esto ha sido posible después de un tiempo en el que no se tocó el diagnóstico de “anorexia”, para dar lugar a la palabra del sujeto que apunta a sus desconexiones en relación al Otro y a la mortificación real del cuerpo. Dicha mortificación acentúa más bien la abolición del deseo dictada por el predominio de la pulsión de muerte.

Rosa Godínez


Bibliografía consultada: Jacques Lacan, Seminario X La angustia, “Posición del inconsciente” y “La tercera”. Massimo Recalcati, Clínica del vacío. Anorexias, dependencias y psicosis, Ed. Síntesis
Título
Maternidad, deseo de hijo y objeto a
Fecha
27/11/2007
Horario
21:00 h.
Participantes
Margarita Álvarez
Descripción
Freud pensó la maternidad como la buena salida, la solución deseable, la evolución que consideraba “normal” para el Penisneid, la envidia de pene de la niña: la resolución que consideraba propiamente femenina pasaba por el cumplimiento de la equivalencia simbólica niño-falo. El paso en la teoría desde esta solución femenina deseable universalmente, es decir, para todas las mujeres, a la idea lacaniana de que no hay un significante de La mujer y, por tanto, la solución es “una a una”, cambia la concepción psicoanalítica de la feminidad y, asimismo, de la maternidad. Lacan subraya que feminidad y maternidad no hacen uno y, por ello, hay que esclarecer en cada ocasión cómo se sitúa una mujer respecto a ambas cuestiones, o mejor, cómo la posición ante la primera afecta a la segunda.
Las fórmulas de la sexuación ilustran bien que cuando en psicoanálisis hablamos de “posición” no nos referimos al plano de las identificaciones viriles o femeninas con las que el individuo, nacido hembra o varón, se presenta, sino que cuando hablamos de posición femenina o masculina, ya sea en un hombre o en una mujer, nos referimos a la posición subjetiva que determinado sujeto ha tomado frente al propio goce. La construcción de una posición sexuada implica para ambos sexos, según encontramos en estas fórmulas, el encuentro con la falta en el Otro (A/, escritura de la castración), la constitución del sujeto como dividido, es decir, deseante (S/), el falo como significante de la falta, o del goce, la separación del objeto como resto no simbolizado, y el encuentro de una respuesta, tanto para el hombre como para la mujer, que implique un mayor o menor saber hacer con la inexistencia, en términos lógicos, de La mujer.
Estas fórmulas no son aplicables en el caso de la psicosis donde, si bien podemos encontrar una conducta sexual, el goce no está regulado por el falo. Por eso, en muchos casos, el encuentro sexual pone al psicótico al borde de la desestabilización o le sumerge en ella. En otros, puede verse cómo el sujeto ha inventado algo que le sirve para hacer frente a la falta significante que introduce la barra en estos matemas (A/, La/ mujer) y que, al no poderse simbolizar, sitúa al sujeto frente al agujero forclusivo y la invasión de goce. En tales casos, dicho invento puede servir como límite del goce: puede tratarse a veces de una identificación, otras, de un pequeño artificio imaginario, también de un neologismo o un neosemantema..., en fin, de algo, cualquier cosa, que puede pasar desapercibida, pero que es importante detectar en un tratamiento para no tocarla.
Si bien el encuentro con la sexualidad es una ocasión frecuente tanto en los desencadenamientos de la niñez como en aquellos que se producen en la adolescencia, la maternidad o la paternidad es otra de ellas. Si nos cernimos al caso de la mujer, merece la pena recordar que autores de la psiquiatría francesa del siglo XIX, como Marcé, utilizaban el término “psicosis puerperal” en un sentido más extenso del que ahora se hace. Si en la actualidad está referida a la psicosis que se desencadena durante el embarazo, el parto o la lactancia, de aquélla se había llegado a utilizar en relación a todos los hitos importantes de la vida de una mujer: la menarquia, el encuentro sexual, el embarazo, el parto, la lactancia y la menopausia, momentos que implican siempre algo del orden de una experiencia nueva en el cuerpo, entendiendo por ello no el nivel del organismo –no es lo que nos interesa aquí–, sino el del goce.
En “Nota sobre el niño” (1969), Lacan considera al niño no ya solo como falo de la madre sino como objeto que viene al lugar del falo, es decir, del menos fi de la castración. La sexualidad femenina se convierte entonces, según conocemos, en una cuestión preliminar para abordar el psicoanálisis con niños. “El niño satura, al sustituirse a ese objeto, dice Lacan, el modo de falta en que se especifica el deseo de la madre, ya se trate de una estructura neurótica, perversa o psicótica”.
Lacan parte así de la relación que la madre tiene con la falta según la estructura y distingue allí distintas respuestas frente a la cuestión del deseo: para la madre neurótica, el síntoma del niño testimonia de su culpabilidad; para la madre cuyo deseo se estructura de manera perversa, el niño sirve de fetiche; y para la madre psicótica encarna un rechazo primordial a entrar en el orden simbólico. En este último caso, la madre encierra al niño en su propia problemática, en su fantasma.
Aunque el niño esté en posición de objeto prevalente para una madre, no es lo mismo que como objeto venga a taponar el menos fi de la castración que el agujero forclusivo. Cuando no hay la mediación entre el niño como objeto y el deseo de la madre, añade Lacan, mediación de la que normalmente se hace cargo la función del padre, al niño no le queda otra función que la de revelar (no representar) la verdad de ese objeto. El niño no representa la verdad del síntoma materno sino que revela la verdad de su objeto fantasmático, “realiza la presencia del objeto a en el fantasma”.
Cuanto más presente hace el objeto real más ofrendado, más sacrificado es en el fantasma materno, más sobornado (en francés, “subornement”), captado, vendido está en él. Pero también puede decirse que cuanto más presente hace el objeto real, “más sub-ornado (en francés, “sub-ornement”), menos investido está en el fantasma de la madre.
Una vez situado este marco teórico, abordamos el lugar que el niño viene a ocupar como objeto en los casos de dos mujeres que rechazaban decididamente la posibilidad de ser madres. Uno de ellos, que trabajé de manera resumida, es un caso de Hélène Bonnaud “L’enfant dont je ne veux pas”, publicado en la revista Quarto 88. El rechazo de la maternidad es para su analizante una manera de mantener abierta la hiancia entre la madre y la mujer. Para ser mujer rehúsa ser madre: rechaza la maternidad para no ser toda-madre como las mujeres de su familia y preservar el “una a una” de la feminidad. Esta mujer no goza del tener sino de la privación. Sin embargo, lo que parece una elección, su rechazo de la maternidad, se precisará en el análisis como un rechazo al deseo de su madre que quiere que ella tenga un hijo. Este rechazo decidido de la maternidad es un síntoma, en su caso, ya que el niño sí está para esta mujer neurótica en el lugar de objeto causa de deseo en su fantasma.
El segundo caso que tomé, extraído de mi propia casuística, es el de una mujer psicótica que quiere ser madre a toda costa. Lo que parecería un deseo decidido se revelará como un empuje a cumplir una solución especular que nombra en términos de “ser una mujer como todas”, y que explica como una mujer que tiene un marido y un hijo. Podríamos decir que quería ser la mujer freudiana, pero esta solución la desestabilizaba al enfrentarla, en su caso, directamente con el agujero forclusivo. El análisis pondrá de manifiesto que el objeto, al no estar marcado por el menos fi de la castración, sólo puede estar para ella en lo real: un hijo sólo puede ser el apéndice que ella fue para su madre. Tras situarse el profundo rechazo a la maternidad que aquel supuesto deseo encubría, la paciente comenzará a construir otra solución. Para ello fue necesario parar el empuje a la maternidad, alentado por la medicina a través de un servicio de reproducción asistida, que al considerar el hecho de tener un hijo como un derecho del usuario no valoró en ningún momento los riesgos de desestabilización que este empuje comportaba.

Margarita Álvarez
Título
La presencia del cuerpo en la experiencia analizante
Fecha
13/11/2007
Horario
21:00 h.
Participantes
Marta Serra
Descripción
Siendo esta la primera reunión tras el encuentro en Madrid para las VI Jornadas de la ELP el pasado 10-11 de noviembre, empezó la sesión con un intercambio de impresiones sobre las mismas. Se plantearon puntos tratados en las diferentes presentaciones, cuestiones que se aclararon, otras que surgieron a partir del encuentro de trabajo y que estimularon a continuar el estudio. Tal como apuntó Anna Aromí desde la mesa, en esta ocasión no se trataba de poder salir con un saber constituido, con La Fórmula, ya que el objeto mismo lo dificulta, sino que, tal como puede leerse en el trabajo mismo que se desarrolló en las jornadas, se trató de intentar cernir algo desde la experiencia clínica.
Siguiendo pues con la orientación del Seminario tal como se planteó desde su inicio, prosiguió el trabajo con la presentación de un caso por parte de Marta Serra. Se trataba del caso que había presentado en las mencionadas Jornadas, y resultó muy interesante poder trabajarlo desde las aportaciones hechas en esta sesión de trabajo misma, junto con las que se comentaron que habían sido hechas en Madrid.
El caso permitió cernir algunos aspectos muy interesantes alrededor de la relación de la sujeto con el cuerpo. El trabajo que la paciente pudo realizar bajo transferencia, le permitió poner en cuestión su posición de goce inicial, metáfora de su novela familiar, y llegar a una nueva relación con el goce y con el placer. Resultó muy interesante poder seguir la lógica de este caso. La desestabilización llegó tras descubrir un goce oculto en su pareja, que la llevó a ver que lejos de ser algo a “curar” en él, había despertado en ella la cuestión sobre su propia relación al goce y al placer. Se pudo seguir un recorrido que Marta Serra desarrolló en tres puntos. En primero, “El goce es real”, un primer recuerdo infantil daba cuenta de cómo algo de goce quedó localizado en ese episodio, sin poder acceder al lugar de placer, a algo que pudiera ser subsumido por lo simbólico. Un segundo punto, “Lo simbólico está en el lenguaje”, nos permitió ver aparecer la novela familiar con los significantes que ella tomó para tejer “la trama de control” que devendría su posición de rechazo del cuerpo. Llegamos así al tercer punto, “Lo imaginario se construye en el cuerpo”, que podríamos enmarcar en la cita que Serra nos propuso de Jacques-Alain Miller en “La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica”: se ve el rechazo del cuerpo a tres niveles: del propio cuerpo (asco), del cuerpo del otro(dificultades sexuales) y del cuerpo dentro del propio cuerpo (dificultades en relación a la maternidad). Tras este recorrido analítico, la sujeto pudo construir una nueva relación con su propio cuerpo y con el cuerpo del otro, con cambios sustanciales en su vida.
En definitiva, la presentación de Marta Serra dio clara cuenta de aquello que nos puede orientar en este intento de cernir algo del objeto a, a saber, “la experiencia del cuerpo en el discurso analizante”.

Carolina Tarrida.
Título
TLP: Un Tratamiento desde el Lugar del Psicoanálisis.
Fecha
30/10/2007
Horario
21:00 h.
Participantes
Irene Domínguez
Descripción
Una viñeta clínica para tratar de rastrear, cernir o pensar la dimensión del objeto a que trabajamos en el presente seminario. Se trata de un sujeto que es recibido en el CSMA en calidad de caso urgente debido a la irrupción de un cuadro sintomático que, según el DSM-IV, corresponde a un diagnóstico de TLP.

La noche del 30 de octubre trabajamos el tema del objeto a en la experiencia analítica a partir de una viñeta clínica de Irene Domínguez y una presentación de Marcelo Curros sobre el texto de J.A. Miller “El síntoma como acontecimiento de cuerpo”. Este comentario nos proporcionó un marco idóneo para debatir el caso planteado a partir de una secuencia temporal de cuatro momentos del síntoma. Dicha secuencia nos hizo pensar en una doble operación que logra llevar a cabo esta sujeto: por un lado, un desciframiento significante que le permite un debilitamiento de sus identificaciones superyoicas y por otro, un ciframiento de goce que consistió en poder bordear un objeto privilegiado, en este caso un amor secreto, que estaba en el corazón de la coyuntura de la irrupción de sus ataques de rabia. La introducción de un cierto vacío (en forma de duda, de risa, de pregunta) le permite a esta sujeto, hacer del signo de su agitación corporal, un síntoma. La puesta en escena del significante fálico le proporciona una herramienta múltiple con la que puede llevar a cabo la transformación de su síntoma, el derribo de un diagnóstico de TLP y el esponjamiento de su deseo.

Irene Domínguez.
Título
La presencia del cuerpo en la experiencia analizante
Fecha
16/10/2007
Horario
21:00 h.
Participantes
Anna Aromí (responsable), Ricard Arranz, Marcelo Curros, Carolina Tarrida
Descripción
Tras la presentación de este seminario el pasado martes 16 de octubre, se puso en marcha una buena transferencia de trabajo entre todos los asistentes.
Bajo el significante laboratorio, seguimos invitando a presentar todo tipo de hipótesis, fragmentos clínicos, preguntas, etc... alrededor del tema que nos ocupa, para intentar asir algo del objeto a en la experiencia analítica. Dado que no se puede apresar mediante la red significante, dado que se nos escapa constantemente al esfuerzo de comprensión, proponemos entre todos intentar atrapar algo de eso, construyendo como comunidad de trabajo un mayor a-cercamiento.



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