JACQUES LACAN

Por: Miquel Bassols 09/09/2011

A treinta años de la muerte de Jacques Lacan, su legado sigue vivo también en Catalunya. Sus escritos, Seminarios, su decir enigmático pero revelador, orientan a analistas y analizantes en el encuentro con lo más propio de cada uno. Eso que permite la vida, allí donde como el propio Lacan anticipó hace más de 60 años, “el hombre liberado de la sociedad moderna, es condenado a la más formidable de la galeras”.

La Junta directiva de la Comunidad de Catalunya de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, quiere trasmitir a los socios y miembros de la misma y a todos aquellos que se interesan por el psicoanálisis orientado en la enseñanza de Jacques Lacan, su deseo de seguir haciendo existir lugares y momentos de encuentro de lo que nos vivifica: la trasmisión y la enseñanza de Jacques Lacan.

Os enviamos el breve e intenso texto que para la ocasión y a pedido de la Junta ha realizado Miquel Bassols.

Junta directiva CdC

Jacques Lacan: hombre en su siglo

Lacan el oscuro, y a la vez de una claridad meridiana. Lacan citado sin parar, a favor y en contra, pero muy poco leído con el rigor que merece: —Es que parece ilegible. —Sí, como el inconsciente de tus sueños. Lacan el amo, excluido de la institución oficial psicoanalítica, creador después de una Escuela que formó a varias generaciones de psicoanalistas (1964), pero que él mismo disolvió cuando, al final de su vida (1981), vio que traicionaba sus propios principios. Lacan el maestro, cuyo nombre, hoy, tiene el honor de llevar una Universidad y cuyos Escritos y Seminarios siguen orientando la práctica de miles de psicoanalistas en varias lenguas y lugares. Lacan el clínico, de una docta precisión, heredero de una tradición psiquiátrica injustamente olvidada. Pero también Lacan el profeta, que vaticinó la alianza, degradante para el saber y para su función social, que la Universidad promueve hoy en día con el nuevo amo de las leyes del mercado. Lacan, que intuyó igualmente, cuando nadie lo imaginaba, las nuevas formas de segregación social a las que debía llevarnos la Europa de los mercados comunes. También Lacan el insurgente, el amigo de Picasso, de Dalí, del grupo surrealista de su época, con un anecdotario del que los historiadores no saben muy bien qué hacer más allá de alimentar la prensa rosa: —“Hagan como yo, no me imiten”. Y sobre todo, Lacan el psicoanalista. Los testimonios que conocemos de sus analizantes son siempre impresionantes, fuera de serie. Lacan psicoanalista, que puso la función del “deseo del analista” en el centro de una ética para el tratamiento de los síntomas y malestares del sujeto contemporáneo, un tratamiento que no ceda a las falsas sirenas de unos ideales higienistas cada día más funestos. Lacan, de una exigencia fuera de lo común para los propios psicoanalistas: “Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época". Treinta años después de su muerte, el sujeto Jacques Lacan, finalmente Otro —como le gustó nombrarse—, sigue tan presente y enigmático como su “duro deseo de durar”.

Y así, se prepara estos días la publicación en castellano de un admirable texto de Jacques-Alain Miller, “Vida de Lacan”, que demuestra lo que Baltasar Gracián podría muy bien calificar con un Lacan, hombre en su siglo: “Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos […] Pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno; y si este no es su siglo, muchos otros lo serán”.

Léanlo, simplemente.

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