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SOL · Lugares Alfa

“La manera en la que [Lacan] dirigió la cura […] me enseñó el rigor y, al mismo tiempo, la total no ritualización del análisis: el acto analítico puede hacerse en cualquier lugar. Un día que yo había salido huyendo, me alcanzó cuando ya casi había llegado al metro. Cosas de este orden me hacen decir que se implicaba en su acto. Lo he recordado en mi práctica con niños: una sesión de análisis podía tener lugar en medio de un grupo de niños que gritaban, igual que en la habitación destinada a la sesión”.

Rosine Lefort1. 

 

Este testimonio de Rosine Lefort muestra con sencillez y claridad el hecho de que su práctica clínica y su orientación por el psicoanálisis solo pueden ser concebidas como una respuesta emergida de su propio análisis. Es esta la dimensión radical de la formación del analista, que tiene como enclave principal el análisis personal. Una dimensión que se ve extendida en su acto, cuando dicha respuesta no se remite únicamente al encuadre supuestamente típico del analista, que se “confunde con la consulta del practicante que ejerce como profesional liberal”2, y que nos invita a pensar en la respuesta del psicoanálisis (vía sus operadores) al malestar en la civilización.

Tomamos estas frases de Rosine Lefort como exergo, para ilustrar una vez más otras conocidas palabras, esta vez las de Jacques-Alain Miller sobre los llamados -¡ya hace 18 años!- Lugares Alfa: “Son los conceptos lacanianos de acto analítico, del discurso analítico y de la conclusión del análisis como pase a analista, los que nos han permitido concebir al psicoanalista como objeto nómada y al psicoanálisis como una instalación móvil, susceptible de desplazarse a nuevos contextos, particularmente a instituciones”3.   

Entonces estos Lugares Alfa, en palabras de Miller, son algo más que lugares de escucha: son lugares de respuesta. Para este SOL nos proponemos estudiar el estado de esta cuestión en nuestro entorno. Pero ¿por qué hacerlo ahora, pasados todos estos años? 

 

La época del parlêtre

Si le compete al psicoanálisis “poner sus relojes en hora”4, no solo es importante que escuchemos el pulso pujante de la civilización, o que tengamos una postura clara al respecto de la continua conversación universal sobre los grandes asuntos, sino que también resigamos las respuestas en las que ya nos encontramos implicados. “El psicoanálisis siempre ha estado por delante de los psicoanalistas -dice Miller-, y lo sigue estando. Corro como un demonio para tratar de alcanzar los efectos del psicoanálisis, que van más rápido que yo”5. Nos interesa, entonces, aprender de los efectos en curso promovidos por el psicoanálisis en los diversos lugares de respuesta. 

¿Encontraremos, quizá, que hay algo que decir en relación con la batalla del autismo, o en relación con el “consumo frenético de los plus-de-goce”6, o sobre el “choque de civilizaciones”7 y sus distintas modalidades de segregación? ¿O los efectos de devastación de las catástrofes, sin perder de vista que dichos potenciales lugares de enunciación parten de la pragmática, de lo que es nuestra clínica, centrada en el sujeto?

 

La función Alfa

No está de más rescatar esta referencia proveniente del corpus teórico de un eminente clínico de la desinserción: Wilfred Bion. Para este la Función alfa consistía en “una operación de transformación del aparato psíquico”8, en la que los elementos beta (inconscientes y patógenos) son llevados al campo de la representación, donde pueden ser elaborados. Sin embargo, más allá de esta cuestión, lo fundamental era la aplicación de esta noción a grupos sin jefes9, en los que se alojaban y trabajaban 400 hombres ingresados en un hospital psiquiátrico al no haber podido alcanzar el rendimiento necesario en el período de la segunda guerra mundial, y participar en ella. En dichos pequeños grupos, esa función Alfa, sería la que encarnaba el mismo Bion, en primer término: “en el manejo de la transferencia destaca por la precisa lectura de que todo grupo busca un amo y él no lo encarna, sino que anima a la reflexión […] utiliza la abstención como recurso primordial, y la devolución del interrogante que se le dirige, al seno mismo del grupo”10

Es esta devolución cercana a lo que destaca Miller como central para los Lugares de respuesta. “Para que haya lugar Alfa es necesario y suficiente que se instale el lazo por el que ‘el emisor recibe del receptor su propio mensaje bajo una forma invertida’, encontrándose el sujeto desde entonces conectado con el saber supuesto del que ignoraba él mismo ser la sede”11.

 

El Control 

“La emergencia de un instante de saber tal pide ser severamente controlado porque es una chispa que puede meter fuego a toda la pradera”12. No siempre los operadores de dichos lugares Alfa son experimentados clínicos, ni analizantes que han llevado hasta el final su experiencia de análisis y, sin embargo, es en la práctica del análisis personal, del estudio de los textos y del control que se espera que ilustren y orienten su quehacer. En algunos dispositivos se incluye la conversación clínica con los pares, las discusiones en las reuniones de equipo, o con la figura de supervisores internos o externos. En el caso de que esto no esté incluido en el armazón institucional -e incluso si lo está-, el trabajo de la elaboración clínica sobre los casos, la “distribución ponderada de los efectos analíticos, […] la dosificación según las capacidades de un sujeto para soportar”13 dichos efectos, y sobre todo, la reflexión sobre los impasses que empujan para que estos sean llevados a la práctica del control individual con un analista confirmado por su experiencia dilatada, se hace determinante y de renovado interés para la Escuela.

Este punto se ha puesto en relieve en el último informe de la AMP, y en referencia con La política de juventud. Por ello nos parece fundamental desarrollarlo en el SOL. 

Si seguimos a Laurent en El reverso de la biopolítica, en donde dice del joven clínico en la práctica del control que es aquel que viene al lugar de una placa sensible14; es decir, aquel cuyo trabajo apunta a vaciarse cada vez más como para dejarse tomar por el decir y el síntoma de cada sujeto. Tenemos allí un valor añadido: los operadores en los lugares Alfa nos traerán ya, como pasadores, los síntomas y los efectos analíticos en el ámbito de lo que llamamos la “realidad social” sin dejar de estar advertidos que ésta no es otra cosa que la “realidad psíquica”. 

Estemos atentos para perfilar cuál es nuestro lugar, para no “alimentar ni la nostalgia de los ideales antiguos, ni la queja sobre la dureza del mundo”15.

 

Referencias Bibliográficas

 

1 Lefort, Rosine. “El camino sobre la creta de la duna”. Revista Freudiana, nº 65, 2012, p. 32.

2 Miller, Jacques-Alain. “Hacia Pipol 4”. Revista Freudiana, nº 52, 2008, p. 8.

3 Ibid., p. 9.

4 Miller, Judith. “Delicadeza”. Revista Colofón, número extraordinario, 2018, p. 125.

5 Miller, Jacques-Alain. La escucha con y sin interpretación. La Colección de la ELP, Madrid, 2022, p. 77.

6 Miller, Jacques-Alain. “Hacia Pipol 4 ». Op. cit., p. 13.

7 Ibid.

8 Icardi, Lucía. “La experiencia Bion y los Lugares Alfa”. Revista L’Atelier, nº 6, 2023, p. 54.

9 Lacan, Jacques. “La psiquiatría inglesa y la guerra”. Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, pp. 113-133. Cf. Arribas, Sonia. “Jacques Lacan sobre Wilfred Bion en La Psiquiatría inglesa y la guerra (1947)”. Revista L’Atelier, nº 6, pp. 44-49.

10 Icardi, Lucía. Ibid., p. 53.

11 Miller, Jacques-Alain. “Hacia Pipol 4”. Op., cit., p. 9.

12 Ibid.

13 Ibid.

14 Laurent, Éric. El reverso de la biopolítica. Grama, Buenos Aires, 2016, p. 216.

15 Miller, Judith, Ibid.

 

Comisión Organizadora: Irene Domínguez , Erick González y Andrea Freiria

 

CALENDARIO

Sábado 5 de Abril

9h a 14:15h

Presencial en Barcelona: C/Santa Perpètua, 10-12

 

** Se requiere inscripción 20€/10€ para estudiantes

Modo de pago: transferencia bancaria a ES06 2100 1302 8202 0037 8456

Enviar comprobante bancario, nombre, apellido/s y mail a: cdc@elp.cat

Horario
A determinar

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